Por qué me gustan los cruceros

(En la imagen principal, vista de San Petersburgo desde la terraza del Pullmantur Empress)
Los cruceros son como el Real Madrid. O los quieres o los odias. Hay gente que dice ser indiferente, pero eso es porque no los ha probado.
Bromas aparte, me gustan los cruceros. Quizás porque el primero, por el Mediterráneo occidental, lo hice fruto de un regalo, era totalmente inesperado y me lo tomé como una experiencia para probar. Luego repetí.

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Venecia. La belleza

(En la imagen principal, desembocadura del Gran Canal visto desde el puente de la Academia)
El ser humano ha creado cosas increíbles a lo largo de su historia y más sorprendente aún que su propia ejecución es que, conociendo nuestra capacidad destructora, hayamos tenido la sensatez de conservarlas.
Hay una pequeña ciudad en el norte de Italia, apretada en una islita insignificante de callejuelas reviradas, que un día dominó medio mar Mediterráneo y presumía de riqueza, poderío y buen gusto. Tan poco espacio tenía en aquel pedazo de tierra sobresaliente de una laguna, que se inventaron calles en medio de las aguas y se adaptaron a esa forma de vivir y transportarse, creando una pequeña flota de barcazas. Esa maravilla se llama Venecia, ha llegado hasta nosotros de forma milagrosa, y es única en el mundo. No os dejéis engañar por todas las venecias (“La Venecia del norte, la Venecia eslava, la Venecia de América…”) que nos intentan vender. ‘La Serenissima’ no tiene parangón.

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