Roma. Tres días en el Milagro Eterno (y II)

El segundo día completo de nuestra estancia en Roma debía comenzar con la visita a la Galleria Borghese, pero un contratiempo de salud nos impidió aprovechar las entradas que ya teníamos reservadas. Es obligado comprarlas con antelación para poder acceder a este maravilloso museo donde las piezas estrellas son dos ‘Berninis’: el Rapto de Proserpina y el Apolo y Dafne. Lamentablemente perdimos la oportunidad y se nos quedó la espinita clavada, así que será una visita obligada en nuestro próximo viaje a la capital italiana.

La jornada sería muy distinta y más flexible. Para empezar, cambiamos el estricto horario de la Borghese por un tranquilo paseo sin mirar el reloj a lo largo del Guetto Judío, que parte del Campo dei Fiori y llega hasta el Trastevere.

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En poco más de una hora pasaron esas cosas que solo pasan en Roma. A la vuelta de una esquina aparecen edificios tan imponentes como el Palacio Farnesio (la embajada de Francia). Cuatro pasos más allá, un callejón atestado de motorinos. De frente, una fachada salpicada de esas ventanas italianas con puertas de madera que se pliegan y despliegan a gusto de los moradores. A la espalda, una esquina de formas sorprendentes. Y entre todas ellas, unas ruinas a las que nadie parece dar importancia  entre las cuales destaca el Teatro Marcelo, un mini Coliseo ahora parcialmente ocupado por viviendas.

La huella judía está todavía muy presente en este barrio que fue víctima de las purgas nazis/mussolinianas en 1943 y donde se levanta la Gran Sinagoga. Frente a su solemnidad, un minúsculo Seicento (la versión transalpina de nuestro mítico Seat 600) le daba el toque mundano al entorno. Justo frente al templo hebreo se encuentra un viejo puente de piedra que comunica con la minúscula Isla Tiberina, el palmo de terreno abrazado por el río que conduce hacia el Trastevere.

 

 

El barrio que está “más allá del Tíber” es uno de los más famosos de la capital romana, sobre todo por su ambiente bohemio, su fama de alternativo y su enorme oferta hostelera, además de por la iglesia de Santa María del Trastevere cuyos orígenes se remontan al siglo III.

Dicen que allí se conservan los últimos vestigios de la-Roma-de-toda-la-vida, esa en la que sus convecinos todavía se saludan por la calle, tienden la colada a secar al aire y al sol y compran en las tiendas de proximidad. Lamentablemente nosotros nos topamos con una zona desangelada y muchos locales habían cerrado aprovechando el bajón de temporada, por lo que no pudimos experimentar ese ambiente del que tanto nos habían hablado.

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Tras acabar la mañana de regreso al hotel, la tarde la dedicamos a ver iglesias. Dicho así suena bastante aburrido, pero no hablamos de unas cualquiera. No, señor. No, señora. Con ustedes… tres de las mejores iglesias de Roma, que ya es mucho decir, si no LAS MEJORES. Santa María la Mayor, San Pietro in Vincoli e Il Gesú.

La primera de ellas es una de las cuatro basílicas mayores del corazón de la cristiandad, y hay que ser de hielo para no conmoverse ante su techo. Qué escándalo. La Wikipedia explica que “el artesonado del techo es renacentista, del siglo XVI, sigue un diseño de Giuliano da Sangallo; se dice que fue dorado con el primer oro traído desde América, regalado por el emperador Carlos I de España al papa español Alejandro VI”.

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Sea cierto o no, el templo conserva lazos con la monarquía española (el Rey es protocanónigo honorario, nada menos), y recientemente ha renovado la iluminación del artesonado, realzando los mosaicos bizantinos o el baldaquino central.

Santa María la Mayor está en lo alto del Esquilino (una de las Siete Colinas en torno a las que nació la ciudad) donde también se ubica la estación ferroviaria de Termini, la principal de la red urbana de trenes, así que llegar hasta ella os resultará fácil desde cualquier punto de Roma. Desde esa pequeña cumbre habréis de descender hacia el Coliseo pero antes, como en mitad de la nada y en un rincón un tanto escondido, está San Pietro in Vincoli. Debe su nombre a la reliquia de las cadenas con las que encadenaron al primer jefe de la Iglesia Católica, pero su fama proviene de ser el lugar donde se encuentra El Moisés de Miguel Ángel.

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El genio florentino concibió un colosal mausoleo para el Papa Julio II con casi 50 estatuas que debía ubicarse en el Vaticano y el fragmento del Moisés iba a ser solo una parte, pero finalmente la obra no se completó y lo único finalizado se quedó en este pequeño templo. Nunca sabremos cómo hubiera sido el conjunto final, pero solo esa escultura ya merece un viaje a Roma por su fuerza y su expresividad, a las que ayudan una iluminación muy cuidada que realza de manera magistral la figura del profeta. A nadie puede extrañar la leyenda de que, al terminar la escultura, el autor le gritó “¡Habla!”, ante tamaña demostración de realismo y de energía contenida.

Tras reposar un rato el Moisés en la retina, y dejando a un lado el Foro, el camino hacia el centro histórico nos deparaba otra golosina: Il Gesú. La iglesia madre de los Jesuitas, concebida por el propio Ignacio de Loyola, es un delirio barroco cuyas pinturas del techo, presididas por ‘El triunfo del nombre de Jesús’ de Giovanni Battista Gaulli, dejan a cualquiera boquiabierto. Tal es la profusión de figuras, colores y alegorías que han instalado unos enormes espejos a ras de suelo para poder contemplarla sin desnucarse.

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Empachados con semejante cargamento de belleza, tocaba cerrar el día y esperar a la traca final de la mañana siguiente: la Roma antigua. De nuevo previa reserva por internet para evitar colas y asegurarse un horario con visita guiada en español, teníamos entradas para recorrer el interior del Coliseo, el gran icono de la civilización latina, una obra descomunal para su época que hoy sería equiparable a los grandes recintos deportivos actuales pero que fue construido hace 2.000 años.

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Por fuera impresiona y por dentro no defrauda aunque hay que echarle imaginación para recrear cómo sería ese lugar repleto con más de 50.000 espectadores, parcialmente techado con enormes toldos, recubierto de reluciente mármol y con gladiadores y fieras poblando los pasillos subterráneos que hoy en día están a la vista. Por eso recomiendo leer mucho previamente sobre este edificio u optar por una visita guiada, que siempre ayudan a comprender mejor los restos del pasado que han llegado hasta nuestros días.

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Lo mismo puede decirse del Foro, un lugar apasionante pero que no es fácil de comprender a primera vista porque lo que tenemos ante nosotros es una milésima parte de lo que contemplaban los coetáneos de la Roma Imperial. Su visita es más flexible que la del Coliseo, pues no está tan masificado y es muchísimo más grande así que puede recorrerse por partes y la entrada es válida para dos días consecutivos, si tenéis más tiempo disponible.

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El Foro era el corazón de la ciudad y de todo el Imperio, allí estaban las sedes de los poderes políticos, económicos o religiosos, cada uno de los grandes césares quiso dejar su impronta y todavía hoy impresiona la escala que permiten aventurar los restos arqueológicos. Hay multitud de puntos de gran interés y una idea general de todo el conjunto se obtiene desde la lujosa colina del Palatino (de ella hemos heredado la palabra “palacio” y sus derivadas).IMG_2860

La mejor vista, sin embargo, está fuera de la zona arqueológica y para acceder a ella no hace falta tener entrada: detrás de los Museos Capitalinos, a través de una estrecha calle que nace a modo de pasaje, se llega a la vía del Monte Tarpeo (dejo aquí la ubicación exacta en Google Maps). Desde su pronunciada curva se abren ante nosotros las entrañas del Foro, con una perspectiva inigualable rematada por la parte más alta del Coliseo, que se intuye al fondo. Si encima tenemos la suerte de aprovechar la hora azul del atardecer para que resalten ante nuestros ojos las siluetas de los templos, los arcos y las ruinas, el resultado será más bonito todavía.

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Como advertimos desde un principio, Roma es infinita. Es una sucesión interminable de lugares cruciales de nuestro pasado, rincones cinematográficos, espacios románticos, aromas y sabores de la Dolce Vita. Hay una obra de arte en cada esquina de su enorme centro histórico y mereceríamos vivir mil vidas para conocerla a fondo, tomar sus cafés, beber sus vinos, comer sus pastas o pizzas y descubrir las historias que encierran sus calles. Es la génesis de casi todo, pero no es un lugar muerto, ni muchísimo menos. Es una urbe vibrante, una gran ciudad.

Simplemente, es eterna.

 

Roma. Tres días en el milagro eterno (I)

Es imposible resumir una ciudad que tiene 2.800 años y de cuyo seno venimos nosotros. Todos los caminos conducen a ella y, en sentido contrario, partieron de sus colinas para ‘civilizarnos’ a los que hablamos una evolución del latín, nos organizamos según su cuerpo legal básico, concebimos las ciudades como ellos lo hicieron y nos movemos por sus carreteras. Roma es la lejana madre patria y por ello su visita conmueve, enamora y fascina, también por su inescrutable caos y su magnificencia eclesial. Visitarla podría llevar toda una vida y nunca se agotaría, pero aquí tendremos que conformarnos con hacerlo en apenas tres días.

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Estambul en un día. Cinco visitas para una escala de crucero

La legendaria Bizancio, luego Constantinopla, ahora llamada Estambul, capital de cuatro imperios a lo largo de los últimos 2.000 años, cumple todos los tópicos como lugar de encuentro, puerta de Asia, frontera oriental de Europa, crisol de culturas y enclave estratégico. Los frutos de su abrumadora historia darían para varias jornadas, pero también puede conocerse a bordo de un crucero (así hicimos nosotros en 2013) aprovechando una escala de 24 horas y escogiendo cinco citas fundamentales para entender esta ciudad única en el mundo.

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Le Puy du Fou: Un parque temático que es otra historia

La Historia con mayúsculas, la que transcurre a lo largo de los siglos a medida que avanza la Humanidad, nos brinda episodios y escenas espectaculares. Lo saben los guionistas de películas o series de televisión, y también los promotores de ‘Le Puy du Fou’, un parque temático muy especial enclavado en la zona centro de Francia que pronto tendrá su versión española en Toledo.

En él no hay ingenios mecánicos o electrónicas, NO ES UN PARQUE DE ATRACCIONES sino de espectáculos y recreaciones en los que cobran vida gentes y pueblos de distintas épocas, y no es solo didáctico sino además divertido: varias veces ha sido elegido el mejor parque del mundo y por lo tanto de Europa y de Francia, por encima incluso de Disneyland París.

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Libros para viajar con la mirada: las mejores fotos de Nueva York y el Gran Cañón

El viaje no es solo un desplazamiento físico. Es también un transporte mental y de los sentidos hacia lugares que no son nuestro lugar de residencia habitual. Por eso es tan fácil y tan placentero viajar con los libros. Hay muchos muy buenos que te conducen con la palabra a espacios y tiempos lejanos, mientras que otros lo hacen con fotografías como estas dos obras, dos templos de la imagen, capaces de llenarte la retina con dos maravillas, una natural y otra creada por el nombre: el Gran Cañón y Nueva York:

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Alsacia, Selva Negra e Interlaken. Un roadtrip de cinco días por el corazón de Europa

Tres países y mil kilómetros a todo color. Pueblos de cuento con fachadas multitonales, una naturaleza espectacular siempre verde, ciudades históricas construidas a base de madera y piedra, lagos azules y montañas blancas. Eso es lo que nos encontramos en julio de 2016 cuando hicimos un pequeño roadtrip por el corazón de Europa que nos llevó a visitar a lo largo de cinco días las regiones de Alsacia (Francia), Selva Negra (Alemania) e Interlaken (Suiza) y nos dejó un estupendo sabor de boca.

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Un día en Oxford. Excursión desde Londres a la cuna de la sapiencia británica

Es difícil, muy difícil, que a alguien se le acabe Londres porque es una ciudad fantástica e inagotable donde además siempre están pasando cosas nuevas, pero para los que quieran darse un respiro o cambiar de aires, a muy poca distancia tiene excursiones muy interesantes con las que pasar el día alejados de la aglomeración urbana. Una de las más recomendables es la muy universitaria y ‘Harrypotteriana’ Oxford. Seguir leyendo “Un día en Oxford. Excursión desde Londres a la cuna de la sapiencia británica”

Mi ‘Top 5’ de regiones europeas

Viajar es mucho, muchísimo más que conocer solamente una ciudad. El urbano es solo un tipo más de turismo, que nos permite apreciar las mejores joyas creadas por el hombre en su afán de socialización (aquí mis ciudades europeas y españolas preferidas), pero en el campo, o en la unión de municipios concebidos como una región, se encuentran también auténticas maravillas naturales y artificiales. Aquí va una lista de cinco zonas de Europa (más allá de fronteras políticas, pues es una clasificación muy personal) que merecen ser recorridas con pausa y deleite.

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Repetir destino. ¿Pecado o placer?

Bendito problema al que se enfrenta de vez en cuando el viajero insistente. ¿Vuelvo a este lugar que ya conozco o escojo otro diferente, pues ese ya me lo sé y el mundo es muy grande? Para muchos, repetir destino es un pecado mortal que conduce directamente al infierno del turista de más baja categoría. Para mí, casi siempre ha sido un gran placer:

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Visitar el Gran Cañón desde Las Vegas: un espectáculo natural por tierra, mar y aire

La cicatriz más famosa del mundo es uno de los grandes espectáculos naturales de este planeta. Un enorme tajo excavado en la roca durante miles de años por el río Colorado que quita la respiración al que se asoma a sus bordes. Los españoles que conquistaron este lugar hace casi 500 años se toparon con una enorme dificultad que se tardaba días en salvar, pero ahora es uno de los lugares más visitados de Estados Unidos, un imprescindible en cualquier roadtrip por la Costa Oeste y la excursión más demandada desde Las Vegas. En el Gran Cañón estuvimos en el año 2002 y pudimos abordarlo por tierra, mar y aire.

 

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