Le Puy du Fou: Un parque temático que es otra historia

La Historia con mayúsculas, la que transcurre a lo largo de los siglos a medida que avanza la Humanidad, nos brinda episodios y escenas espectaculares. Lo saben los guionistas de películas o series de televisión, y también los promotores de ‘Le Puy du Fou’, un parque temático muy especial enclavado en la zona centro de Francia que pronto tendrá su versión española en Toledo.

En él no hay ingenios mecánicos o electrónicas, NO ES UN PARQUE DE ATRACCIONES sino de espectáculos y recreaciones en los que cobran vida gentes y pueblos de distintas épocas, y no es solo didáctico sino además divertido: varias veces ha sido elegido el mejor parque del mundo y por lo tanto de Europa y de Francia, por encima incluso de Disneyland París.

Nosotros estuvimos en el verano de 2017 como parte de una ruta por carretera que nos llevó entre otros destinos a los Castillos del Loira, el Mont Saint Michel y las playas de Normandía.

Le Puy du Fou se ubica en Les Epesses, a una hora de Nantes y en la Región Países del Loira. Se inauguró hace 30 años, funciona de abril a noviembre y cuenta con sus propios hoteles. Estos tienen una pinta excelente pero precios bastante altos, así que si queréis un alojamiento más económico podéis buscar en la cercana localidad de Cholet, a 15 minutos, donde está el hotel Le Park que fue nuestra opción (si reserváis allí o en cualquier lugar del mundo a través de este enlace de Booking.com tendréis 15 euros de descuento).

Las entradas de un día, actualizadas para 2019, cuestan 36 euros por adulto y 26 por cada niño de 5 a 13 años (hasta los 4 años no pagan) a través de la web oficial. Aparte se paga la entrada a La Cinéscenié, un espectáculo de formato gigantesco que solo se representa los fines de semana del verano y capaz de acoger a casi 15.000 personas en sus gradas, normalmente repletas y agotadas con mucha antelación. La entrada combinada a parque y show son 59 euros por adulto y 48 por niño.

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Desde que conocimos la existencia de Le Puy du Fou teníamos claro que queríamos asistir a La Cinéscenié, y pese a reservar en abril estaba todo completo salvo el sábado 15 julio, justo en el puente de la Fiesta Nacional francesa. Quizás por eso nos encontramos un parque atestado así que recomiendo encarecidamente evitar esa fecha.

Es imposible ver todos los espectáculos en un día. Es cuestión de elegir, estudiar en lo posible los horarios y rezar para tener un poco de suerte con las colas. El día de nuestra visita madrugamos, llegamos con antelación al gigantesco parking (van abriendo sucesivas zonas de descampado) y aun así nos chupamos muchas y largas esperas.

La primera, la de la entrada. Una vez superada cogimos rápidamente una audioguía para seguir los espectáculos que cuesta 15 euros y que reservamos previamente por internet como todo lo demás. Es bastante conveniente si no sabéis francés y queréis seguir los diálogos, porque apenas hay nada en inglés. Con ella en la mano, salimos disparados hacia el anfiteatro romano donde tiene lugar ‘El signo del Triunfo’, posiblemente la representación estrella y más famosa.

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El recinto en sí mismo ya es una pasada. Enorme, con asientos de sol y sombra y un techo retráctil como el que tenían los anfiteatros de hace 2.000 años. Los figurantes animan al público, hay ‘fans’ de los romanos y de los galos, y los 45 minutos de duración se pasan volando. Recordemos que el parque está en Francia, con todo lo que eso conlleva. Es decir, los franceses son siempre los mejores y el centro de la Historia, así que como no podía ser de otra manera la lucha enfrenta a los valientes galos contra el arrogante Imperio, y os podéis imaginar el final (sobre todo si habéis leído a Astérix).

Nuestra idea, nada más salir de allí, era ir al número de cetrería titulado ‘Le Bal des Oiseaux Fantômes’ de la que habíamos leído maravillas pero nos topamos con la masa. Se llenó antes de que pudiéramos entrar y tuvimos que rendirnos, rehacer todo el plan del día, atravesando el parque de extremo a extremo y bajo un sol de justicia (en verano allí el calor aprieta). En estos casos lo mejor es relajarse y tratar de reprogramar. Eso hicimos móvil y mapa en mano, y no nos salió del todo mal pese a la pequeña decepción y a que la programación es un tanto complicada porque los horarios cambian cada día.

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Por ejemplo, también pudimos disfrutar de otra gran representación en exteriores, el Desembarco Vikingo. De nuevo consiste en la lucha entre los franceses y el extranjero, con las invasiones normandas como hilo conductor. Y de nuevo una puesta en escena brutal, repleta de acción, con protagonistas humanos y animales, explosiones y hundimientos. Muy, muy logrado.

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Además de los espectáculos al aire libre que van sumando en calidad y cantidad año a año (siempre hay nuevas incorporaciones) existen otros bajo cubierta que no les van a la zaga. Nosotros contemplamos dos. El primero es el titulado ‘Mosqueteros de Richelieu’, una maravilla inspirada en los legendarios personajes de Alejandro Dumas cuya guinda son los preciosos caballos bailando sobre un escenario inundado.

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El segundo, llamado ‘El último Penacho’, relataba el destino de un oficial de la marina francesa, héroe de la Guerra de Independencia americana. El vestuario y los decorados están tan cuidados como en el resto del parque, pero más impactante todavía es el propio teatro, pues gira por completo para ir cambiando de escenas. Una verdadera maravilla de la ingeniería escenográfica que presume de ser único en el mundo.

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Foto: Le Puy du Fou
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Foto: Le Puy du Fou

 

Para amenizar los trayectos entre los teatros y potenciar la ambientación, pues no solo de espectáculos vive el visitante del parque, el Puy du Fou está salpicado de pequeños pueblecitos donde se evocan distintas épocas, desde el medievo al primer tercio del siglo XX. En ellas están las tiendas de artesanía, los restaurantes y los bares donde se hace necesario recuperar fuerzas.

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Además, cuenta con bonitas y extensas zonas verdes en las que descansar al fresco, estanques, floridos jardines y hasta un lago del que salen periódicamente chorritos ‘versallescos’. Esto también hace del Puy du Fou un parque especial, en medio de la naturaleza, en pleno bosque, ideal para el picnic que tanto gusta a los franceses y que compensa la escasa oferta en restauración comparada con el enorme volumen de visitantes que atrae.

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Existe una recreación de las trincheras de la Gran Guerra, o también un pueblo ambientado en el siglo XVIII, donde trabajan diversos artesanos de oficios tradicionales a la vista del espectador y en él se sitúa un enorme Carrillón con campanas a 16 metros de altura bajo las cuales un grupo de actores representa piezas folclóricas.

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En los tiempos muertos entre función y función, o justo antes de que cierre definitivamente el parque, no puede faltar el paso por las tiendas de recuerdos y todo tipo de artículos con más o menos rigor histórico, para altos presupuestos o simples detalles, ante las cuales el incauto turista siempre puede acabar picando…

Acabada nuestra visita al Puy du Fou, aún nos quedaba el plato fuerte para cerrar la jornada: La Cinéscenié. En un recinto al que se accede por una puerta diferente puesto que las entradas se venden de forma separada y no es obligatorio combinarlas, se desarrolla una obra teatral/musical complicada de describir. Es una gigantesca producción que solo tiene lugar los viernes y sábados del verano, en la que se narra la evolución de Francia desde la Edad Media hasta la Segunda Guerra Mundial a través del relato de una familia de la zona de La Vendée.

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Dice Wikipedia que “es el espectáculo nocturno más grande del mundo (…) creado en 1978 y encarnado por más de 3200 voluntarios llamados ‘puyofolais’. La acción se desarrolla en un escenario de 23 hectáreas. La Cinéscénie reúne 1200 actores, 120 caballeros, 100 técnicos y 300 personas encargadas de la acogida y la seguridad del público. El espectáculo necesita 6000 disfraces, 800 objetos artificiales, 2500 proyectores, 150 chorros de agua de nueva generación (30 metros de altura), llamas acuáticas y escenas flotantes”.

Es apabullante la cantidad de medios empleados, empezando por la grada que parece el lateral de un gran campo de fútbol, la ingente cantidad de personas involucradas en su organización y la demostración visual que supone. Resulta difícil seguir el relato si no se conocen los entresijos históricos franceses y particularmente los de esta región del centro del país, pero el derroche escénico es innegable.

¿La Cinéscenié es imprescindible? Yo sí lo recomiendo, es un excelente broche de oro a la experiencia, pero si tenéis dificultades de fechas o las entradas vuelan como suele ocurrir se puede renunciar a ella y disfrutar únicamente del parque. Incluso hay quien pasa dos jornadas en el Puy du Fou para ver todos los espectáculos y acudir al show nocturno de forma más relajada.

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Los esfuerzos que empleéis dependerán, como siempre, de vuestro presupuesto, disponibilidad de tiempo e interés. Pero si pasáis por esta zona de Francia, como destino específico o formando parte de un roadtrip, no dejéis de visitar esta auténtica máquina del tiempo.

2 comentarios en “Le Puy du Fou: Un parque temático que es otra historia

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