Un día en Oxford. Excursión desde Londres a la cuna de la sapiencia británica

Es difícil, muy difícil, que a alguien se le acabe Londres porque es una ciudad fantástica e inagotable donde además siempre están pasando cosas nuevas, pero para los que quieran darse un respiro o cambiar de aires, a muy poca distancia tiene excursiones muy interesantes con las que pasar el día alejados de la aglomeración urbana. Una de las más recomendables es la muy universitaria y ‘Harrypotteriana’ Oxford.

La que presume de ser la primera institución de enseñanza superior del Reino Unido (siglo XI) y una de las más prestigiosas (tiene un porrón de premios Nobel entre su alumnado) se encuentra a apenas una hora en tren y conectada con multitud de frecuencias desde distintas estaciones, así que nadie debe temer por el engorro de alquilar un coche para conducir por la izquierda.

Nosotros fuimos en el otoño de 2017, con la compañía Chiltern Railways que salía de la terminal londinense de Marylebone. En el Reino Unido no solo hay una operadora de trenes, sino muchas, y las tarifas dependen de la demanda, de si viajáis en hora punta o valle, de si son convoyes directos… A nosotros solo nos costó 14 libras por persona (ida y vuelta) a través del buscador ferroviario http://www.thetrainline.com, que es una virguería para probar con fechas, horas y precios.

Con absoluta puntualidad llegamos a Oxford a las 11 de la mañana y empezamos a caminar desde la propia estación, asomada a los canales del río Támesis.

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Pronto empezaron a surgir los primeros ‘College’, esas instituciones a caballo entre Facultad y Colegio Mayor, pues albergan las aulas y las residencias de los estudiantes. Son independientes pero están todas vinculadas de alguna forma a la Universidad de Oxford y hay muchas que son auténticos palacios, monumentos en piedra de un color tostado que recuerda a la de Salamanca.

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Oxford ha sabido conservar el sabor de las tradiciones sin perder prestigio en sus estudios, y en lugar de crear modernos campus a las afueras mantiene a los alumnos en el centro, dando vida a los edificios clásicos. No hay cartón piedra y todo tiene usos actuales, incluso elementos como el precioso Puente de los Suspiros (es evidente su parecido con el de Venecia) construido en el siglo XVIII para conectar dos edificios de una misma facultad.

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Frente a él se alza la Bodleian Library, uno de las grandes pilares de la sapiencia británica. Esta biblioteca gigantesca, que ha vivido ya varias ampliaciones a lo largo de sus siglos de historia, resulta impresionante ya desde fuera, pero merece la pena adentrarse en su leyenda y su importancia con uno de sus recorridos guiados. Si no se dispone de mucho tiempo, como era nuestro caso, basta con el llamado ‘Mini Tour’ de 30 minutos en el que te explican el gran salón donde antiguamente se defendían las tesis y la biblioteca antigua Duke Humfrey’s.

 

 

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Interior de la biblioteca, donde no se pueden tomar fotografías (Wikimedia Commons)

Los fans de Harry Potter encontrarán en ambos reminiscencias de la película, pues  se utilizaron como localizaciones de la enfermería y la biblioteca de Hogwarts. Oxford encarna el ‘british style’ colegial que sirvió como inspiración al castillo imaginario y que se multiplica, como veremos poco después, en el Christ Church.

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La parte trasera de la Bodleian Library está presidida por la espectacular Radcliffe Camera, un edificio circular que es otra sala de lectura, y frente a ella se alza la iglesia de Saint Mary the Virgin. Su interior es bonito y en sus bajos existe una cafetería perfecta para reponer fuerzas a media mañana o a media tarde, con un té o un café acompañado de los ricos ‘scones’, panecillos de origen escocés que se sirven con mantequilla o mermeladas. Pero lo mejor está en lo alto de su torre.

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Tiene más fama la Halfax Tower, situada a pocas manzanas, pero la panorámica de 360 grados que se logra desde Saint Mary tiene una visión directa sobre la Radcliffe (la imagen que sirve de cabecera a este post) y sobre varios Colleges y callejuelas circundantes. A cambio de 4 libras y tras subir ciento y pico escalones, la vista de pájaro desde esas alturas es uno de los mejores recuerdos que puede llevarse el visitante.

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El paseo te conduce indefectiblemente a Cornmarket Street, la calle principal a cuyos lados se agolpan las franquicias y junto a la que también está situada el Covered Market, un enorme espacio techado a modo de Plaza de Abastos donde conviven tiendas de todo tipo que ofrecen desde souvenirs para turistas a carnes, pescados y verduras para los locales.

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Covered Market (Wikimedia Commons)

El extremo sur de Cornmarket lo preside un gran campanario de forma redondeada, visible desde la lejanía y conocido como Tom Tower, elemento central del espectacular patio de Christ Church, el colegio más conocido de Oxford desde que J.K. Rowling se inspiró en su comedor para las novelas de Harry Potter. 

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El Christ Church sigue estando habitado por estudiantes y en él tienen lugar las ceremonias y las comidas diarias de la vida universitaria, así que los horarios de visita son restringidos. Lo mejor es consultarlos directamente en la página web y hacer reserva previa para no llevarse sorpresas (el precio es de 8 euros).

Si sois aficionados a la saga del niño mago, os emocionará subir por la famosa escalinata y entrar en ese comedor que parece sacado de un cuento aunque realmente es justo al revés, pues la ficción sucedió a la realidad. Si no sois muy Potterianos, en cualquier caso disfrutaréis de un edificio histórico bellísimo y perfectamente cuidado.

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Christ Church es al mismo tiempo Facultad y Catedral, por lo que resulta doblemente interesante, y uno de sus estudiantes más famosos fue Lewis Carrol, el autor de Alicia en el País de las Maravillas. Este folleto en español explica el lugar a grandes rasgos y es perfecto para leerlo antes a modo de preparación y durante a modo de guía.

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La visita a este complejo de edificios religiosos y universitarios puede llevar entre una y dos horas dependiendo de vuestro ritmo, así que tenedlo en cuenta a la hora de repartir el resto de la jornada. Siempre hay que dejar tiempo para fisgar en las tiendas de recuerdos (la temática universitaria y la potteriana son las más demandadas) o para tomarse una buena pinta en uno de los muchísimos pubs ingleses que salpican la ciudad, reafirmando una vez más su ambiente joven y dinámico.

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A nosotros la jornada no nos daba para más y regresamos, siempre caminando por un centro histórico de pequeño tamaño y completamente llano, hasta la estación para coger nuestro tren de vuelta que partía a las 19 horas. Habíamos pasado 10 en Oxford y nos quedaron muchas cosas por hacer (museos, paseo en barca por los canales…), pero eso siempre es una excusa perfecta para regresar algún día.

 

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