Miami. Los mil encantos de la buena vida

‘Mayami’, Miami o como quieran pronunciarlo no es solamente sol y playa, ni mucho menos, aunque su carta de presentación ante el mundo entero sea su eterno verano. Esta ciudad situada al sur de la península de Florida se ha convertido en un símbolo del retiro dorado y millones de norteamericanos disfrutan allí su jubilación. Pero también es el icono de la Cuba en el exilio, tiene un barrio que presume de arte alternativo y a muy pocos kilómetros cuenta con el gigantesco parque natural de los Everglades, famoso por sus pantanos y sus aligátores.

La mayor urbe del apodado ‘Estado del Sol’ (aunque curiosamente no es su capital, pues ese título lo ostenta Tallahassee) fue nuestro punto de partida de la ruta de dos semanas por Florida que realizamos en el otoño de 2016 y nos dejó una grata impresión, sobre todo por su variedad. Merece sin duda emplear un par de días en conocer la metrópoli y sus alrededores. Para desplazarnos utilizamos un coche de alquiler.

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Su zona más conocida es Miami Beach, y por ella empezamos bien temprano por culpa del jet lag, pues habíamos aterrizado la noche anterior. Es el barrio playero de las películas, el de los rascacielos brillando al sol de la cabecera de C.S.I. y el de los hedonistas luciendo cuerpo en cualquier estación. La extensión de arena es inmensa, muy larga y muy ancha, y no solo la disfrutan los bañistas sino que su tamaño ha permitido habilitar dentro de ella canchas deportivas y hasta improvisadas salas de pesas.IMG_9953IMG_9954

Esta lengua de tierra, que en realidad es una isla unida al resto de la ciudad con puentes y túneles, es también uno de los santuarios mundiales del Art Decó. Ese estilo decorativo da nombre a un distrito entero y se plasma en un sinfín de edificios de color pastel que uno puede encontrarse a lo largo de treinta manzanas. Casi todos son hoteles e inmuebles residenciales y fueron levantados entre los años 20 a 40. En plena Ocean Drive, el paseo marítimo, existe un centro de visitantes para los interesados en este movimiento artístico.IMG_0001 copy

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En el extremo sur de Miami Beach destaca un gran parque, el South Pointe (los yankees no suelen esmerarse mucho bautizando lugares) donde se levantan algunas de las torres más espectaculares del entorno y al que merece la pena acercarse (tiene muy fácil aparcamiento) para contemplar durante un rato la entrada y salida de enormes buques por la bocana del puerto. 

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Unas cuantas calles más al norte se concentra el paraíso de las compras, la calle peatonal llamada Lincoln Road a cuyos lados se emplazan las tiendas más conocidas, algunas de nuevo ubicadas en edificios art decó e incluso en antiguos cines, y resulta agradable para dar un paseo y ver la fauna y flora locales.

En uno de los bajos del mall del mismo nombre encontramos un Shake Shack, franquicia idolatrada por los hamburgueseros, y aprovechamos para reponer fuerzas.

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Después de comer dejamos Miami Beach. Tocaba volver a la tierra continental, y de camino atravesamos las Venetian Island, una sucesión de islotes artificiales construidos en el canal que separa los dos barrios y que son la viva imagen de la Florida de pasta gansa. Mansiones y mansiones con embarcadero privado, cada cual más ostentosa, con palmeras en el jardín y el yate aparcado a la puerta.

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El contraste fue brutal en solo 10 minutos de trayecto, porque nuestra siguiente parada fue Wynwood Walls, un referente del arte callejero ubicado en un barrio antes deprimido y ahora salpicado de turistas curiosos.img_0010.jpg

Nació como un proyecto cultural para creadores que aprovecharon antiguas naves industriales o almacenes y a su alrededor han nacido comercios, bares y restaurantes que tratan de mantener el ambiente alternativo. El meollo de los grafitis y algunas galerías de arte se organiza en torno a unos patios interiores que son visitables (la entrada es gratuita) y hay algunos muros que son una auténtica preciosidad.

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Empezaba a caer la tarde y todavía nos quedaba por ver uno de los grandes atractivos de Miami: La Pequeña Habana. Dicen que el refugio de los emigrantes cubanos que huyeron de la revolución de Castro ya no tiene el sabor auténtico de hacer un par de décadas y que se ha transformado en una atracción turística, pero todavía permite hacerse una idea de cómo viven los exiliados que formaron aquí una nueva comunidad.

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En la llamada Calle Ocho se suceden los letreros en español y solo se oye hablar en la lengua de Cervantes (algo que por otra parte ocurre con frecuencia desde que uno aterriza en el aeropuerto de Miami). Y en el parque Máximo Gómez se siguen reuniendo los hombres para jugar al dominó o al ajedrez, tocados con sombrero y algunos incluso vistiendo la guayabera.

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Hasta los restaurantes de comida rápida se adornan con coloridos letreros que emulan el estilo cubano, y para ambientarnos todavía más con el clima típico del Caribe, cuando estábamos paseando por el pleno corazón de la Little Havana nos cayó un tormentón como los que suelen descargar en las Antillas. El aguacero adelantó la conclusión de nuestra primera y larga jornada en Miami, pero aún quedaban cosas por disfrutar en sus alrededores.

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En los días siguientes optamos por dos lugares que conocimos al ir y al volver de Los Cayos, pero que pueden visitarse perfectamente desde la propia Miami, porque están a media hora en coche: los Everglades y Coral Castle.

Los Everglades, la ‘ciénaga eterna’, es una gran extensión de terreno pantanoso que los españoles bautizaron como “los cañaverales”. En realidad es un anchísimo río de agua dulce que va bajando de norte a sur de la península de Florida pero se desplaza tan lentamente que parece estancado.

Agua constante y sol permanente, además de temperaturas siempre suaves, han generado una biodiversidad tremenda cuyo mayor exponente son los alligator (no confundir con cocodrilos, aunque parezcan lo mismo para los no iniciados). Buena parte del Parque Nacional resulta inaccesible, pero existen varios puntos turísticos para poder visitarlos. Nosotros elegimos el centro que tiene la empresa Safari Park.IMG_0175 copy

A bordo de esas típicas lanchas equipadas con ventiladores traseros (la vegetación del río impide llevar hélices) uno puede literalmente volar sobre la superficie y hacerse una idea de la multitud de plantas y animales que viven allí. Con suerte, además, podrá ver a los reptiles en su hábitat natural.

De todas formas, y por si los bichos están perezosos, la propia instalación cuenta con un pequeño recorrido a modo de zoo y ofrece un espectáculo de unos 15 minutos de duración con serpientes, aligatores y cocodrilos donde explican cómo viven y se comportan estos animales.

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El complejo cuenta con una cafetería para poder comer y beber (el calor es tremendo entre los cañaverales) y una tienda de recuerdos donde estos descendientes de los dinosaurios son los reyes indiscutibles en todas sus versiones:

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Si los Everglades están a las afueras occidentales de Miami, al sur encontramos otra curiosidad. El Coral Castle. No es propiamente un castillo y es difícilmente definible, así que recurrimos a Wikipedia: “Una misteriosa estructura de piedra creada por el excéntrico estadounidense Edward Leedskalnin (1887-1951), un inmigrante de Letonia”. IMG_0146 copy

El tipo en cuestión movió en solitario durante años enormes y pesadísimas piedras y el misterio forma parte del atractivo del lugar porque se mezclan leyendas sobre las pirámides de Egipto, los artilugios que utilizó para el desplazamiento de estas rocas y el objetivo real de su construcción, supuestamente dedicada a una mujer que amaba y a la que esperó sin ser correspondido.

 

Este lugar ha sido el único de mi experiencia como turista en el que me han ofrecido paraguas para protegerse del sol y del calor. Las visitas son guiadas en pequeños grupos y uno acaba con la sensación de haber visto algo único pero sin comprender muy bien cómo ni por qué. Cosas del misterio….

Miami no es únicamente juerga, sino que además cuenta con importantes museos como el Museo de Arte Contemporáneo MOCA, el Museo Vizcaya (una mansión al estilo italiano rodeada por un jardín botánico) o el Pérez Art, cuyo moderno edificio de 2013 es obra de los arquitectos suizos Herzog&De Meuron y que presenta una buena colección de arte del siglo XX.

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Es una ciudad con muchísimos encantos, que supera con creces los tópicos por los que se la conoce. Por algo tantos famosos la han elegido como segunda residencia y por algo es sinónimo de buena vida. 

3 comentarios en “Miami. Los mil encantos de la buena vida

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