Viena. La Capital Imperial en un día de lluvia

La ciudad más grande de Austria, la conocida como la ‘París del Este’, fue la última etapa de nuestra ruta que había partido una semana antes desde Múnich. Solo tuvimos un día para verla. Se nos quedó muy corto y recomiendo ir con más tiempo, pero al menos pudimos hacernos una idea de todo lo que tiene que ofrecer una de las tres históricas Capitales Imperiales (junto a Praga y Budapest). A Viena llegamos en coche, procedentes de Salzburgo después de pasar por Hallstatt, y el trayecto se nos hizo largo porque eran casi cinco horas de etapa para atravesar la llanura, siempre en dirección hacia el oriente, rodeados de señales que indicaban la proximidad de las fronteras Húngara, Eslovena, Checa o Alemana. Sin duda, esta es una tierra de cruce de caminos que durante siglos ha sufrido guerras, invasiones y ha ejercido de defensa del Viejo Continente contra el turco.

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Nos alojamos en el NH Wien (Viena en alemán) situado en Mariahilferstrasse, una calle muy comercial que elegimos por su cercanía al metro (estaba literalmente debajo del hotel) ya que nuestro primer destino, por la mañana temprano, sería la visita a un lugar situado a las afueras de la ciudad: el Palacio de Schonbrunn.IMG_7505 copy

La residencia de verano de los emperadores austriacos, a la que comparan con el mismísimo Versalles, es el monumento más visitado de Viena y atrae a decenas de miles de turistas al año, así que es altamente recomendable reservar con antelación. Es un enorme edificio barroco, aunque con añadidos de diferentes épocas, que fue utilizado como residencia hasta el fin del Imperio, en 1918.

Nosotros hicimos el tour más corto, que cuesta 15 euros e incluye los principales salones. A mi juicio su recorrido es suficiente pero si sois muy amantes de los palacios hay una opción más completa, aunque también un poco más cara.

La sala más espectacular, que merece la pena por sí sola la visita, es la Gran Galería, y además hay multitud de suntuosas estancias como las que habitaron el emperador José I y Sissi (aquella emperatriz cuya vida de cuento inmortalizó el cine).

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Dennis Harvis

El palacio en sí mismo es muy valioso, pero tanto o más lo son los jardines de los alrededores. Son una magnífica oportunidad para disfrutar de los días de buen tiempo, lo cual no fue nuestro caso. Como nos ocurrió el día anterior, un viento y una lluvia constantes impidieron un posible paseo por las zonas verdes y nos condicionó todo lo que quedaba de día.

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Con ese panorama gris nos retiramos de Schonbrunn y, de nuevo en metro, llegamos hasta las mismas puertas de la Catedral. La torre del templo gótico dedicado a San Esteban es visible desde muchos puntos de la ciudad y otra de sus peculiares características es el tejado , con pendiente muy pronunciada y tejas de colores.IMG_7510 copy

Salvo que queráis acceder al altar mayor, subir a las campanas y entrar al museo-tesoro catedralicio, pasear por su interior es gratuito y  merece la pena.IMG_7508 copy

De la plaza de la Catedral sale la Kärntnerstrasse, una vía muy comercial en la que encontramos tiendas de súper lujo, muy lejos del alcance de cualquier bolsillo. Como muestra, el escaparate de una relojería Rolex:

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Al final de la calle se encuentra otro de los edificios icónicos vieneses, la gran Ópera. Al igual que Salzburgo, la capital austriaca presume de cultura musical y los melómanos tienen aquí un auténtico templo. Ojo: no es donde se celebra el concierto de Año Nuevo, pues esa sala es la Musikverein. Ambas cuentan con visitas guiadas.IMG_7525 copy

La meteorología iba de mal en peor y ante la evidencia de que pasear era muy desagradable optamos por una opción que hemos probado ya en otras ciudades cuando no disponíamos de mucho tiempo: coger un autobus turístico. Elegimos el BigBus y una ruta que recorría la parte más céntrica, principalmente dando la vuelta al ‘Ring’, una calle circular que sigue el recorrido de la antigua muralla y a cuyos lados se suceden los palacios y los museos. Solo una visita al interior de estos contenedores culturales llevaría días enteros, y existe también la posibilidad de pasar una mañana o una tarde en el Prater, el vetusto parque de atracciones con su histórica noria.IMG_7519 copy

Las fotos desde el autobús son insalvables, así que os añado aquí un par de ellas hechas por otros fotógrafos de algunas de las cosas que se ven desde el vehículo, que además cuenta con una audioguía en varios idiomas para ir escuchando las explicaciones. La primera es la iglesia de San Carlos Borromeo, que es de las más bonitas de la ciudad con ese par de columnas imitando a las de Trajano en su fachada, y la segunda el Ayuntamiento que recuerda enormemente a los de Bruselas o Múnich.

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Ranzpeter
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PXHere

Al acabar la ruta, de alrededor de hora y media de duración, regresamos sobre nuestros pasos para volver al cogollo histórico. Hicimos una parada en un café para tomarnos una de las míticas Tarta Sacher, la verdadera joya gastronómica de la ciudad y que tienen en muchos establecimientos aunque la original se hace en un hotel del mismo nombre.

En las inmediaciones del Hofburg, el palacio de invierno que complementaba a Schonbrunn y donde también hay apartamentos de Sissi abiertos al público, nos decidimos por entrar a un sitio mucho más pequeño y manejable, pues se puede conocer en apenas media hora. Se trata de la alucinante Biblioteca Nacional de Austria, un edificio maravilloso con cientos de libros entre sus estanterías de madera, esculturas señoriales y bóvedas decoradas.IMG_7531 copy

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Está en todas las listas de las bibliotecas más bonitas del mundo y cuenta con pequeñas exposiciones temporales en sus vitrinas sobre temas bibliófilos. La tranquilidad y magnificencia que se respira en su interior son un tesoro para los sentidos.IMG_7535 copy

Se acababa la jornada y el cansancio acumulado por todo el viaje nos pasaba factura así que nos quedamos sin asistir a Óperas, o al precioso espectáculo de los caballos en la Escuela Española de Equitación. Si algún día volvemos a Viena, será desde luego visita obligada, como el Palacio del Belvedere, del Hofburg o alguno de sus grandiosos museos.

El roadtrip austroalemán tocó a su fin a la mañana siguiente. Salvo por las inclemencias meteorológicas resultó casi perfecto y guardamos un gran recuerdo de este recorrido que combina paisajes naturales, contenido cultural, grandes ciudades y pequeños pueblos idílicos.

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La filosofía de este mensaje en los posavasos de papel de nuestro hotel nos despidió prontito a la mañana siguiente. Deberíamos ver siempre el vaso medio lleno, en los viajes y en la vida. Todavía nos quedaba llegar al aeropuerto y coger un vuelo con escala en Frankfurt que nos devolvería a nuestro punto de partida, el aeropuerto de Bilbao (la experiencia con Lufthansa, por cierto, señorial).

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Aquella había sido nuestra segunda ruta por carretera, tras la que un par de años antes hicimos por la Toscana, y nos confirmó definitivamente que esa es una forma de viajar que nos encanta. Por eso hemos repetido y por eso seguiremos haciéndolo.

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