Salzburgo. La ciudad de la música

Enclavada al pie de las montañas fronterizas entre Austria y Alemania, donde los Alpes empiezan a perder altura y se abren las llanuras que conducen hacia Viena, la “Ciudad de la Sal” (ese es el significado de su nombre, originario del antiguo negocio minero de la zona) se ha convertido en uno de los lugares del mundo más vinculados con la música.

Wolfang Amadeus Mozart, quizás el más grande compositor de todos los tiempos, nació y vivió aquí. Su figura es omnipresente en todas las tiendas de souvenirs y el turista no puede evitar imaginárselo paseando por sus calles barrocas.

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Pero además Salzburgo es también la ciudad de ‘Sonrisas y Lágrimas’, el archiconocido musical con cuyas canciones crecieron miles de niños y que eligió esta joya para varias de sus localizaciones.

La cuarta aglomeración urbana austriaca, que se extiende a orillas del río Salzach, es por tanto una cita obligada para los melómanos y también para los nostálgicos de la historia de la familia Von Trapp. Por eso, muchos de sus hoteles tienen un canal exclusivo en el que emiten la película en un bucle de 24 horas al día.

Igualmente es una bicoca para los amantes del arte y de la historia por sus monumentos, sus calles intrincadas y la enorme fortaleza Hohensalzburg que, encaramada a una empinada colina, domina la ciudad desde cualquiera de sus puntos cardinales.

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Nosotros llegamos a Salzburgo en la segunda etapa de nuestra ruta por Austria, procedentes de Inssbruck, y pasamos un día recorriendo la ciudad. Es suficiente para hacerse una idea somera de lo que puede ofrecer, pero si se completa con excursiones a los alrededores pueden emplearse perfectamente dos o tres jornadas. Nos alojamos en un hotel de la cadena española NH, en la orilla norte del río donde está la parte más moderna de la ciudad. Y sí, tenía canal 24 horas de Sonrisas y Lágrimas 🙂

Entramos al centro histórico, como casi todos los turistas, cruzando el puente de Staatbrucke y tras atravesar uno de los típicos pasajes que comunican las estrecheces del casco antiguo, porticados y ahora repleto de comercios, nos plantamos en la calle Getreidegasse que por sí misma ya es un atractivo turístico.

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En sus fachadas de múltiples colores encontramos pequeños palacetes de la época de esplendor de la ciudad y podemos contemplar, colgando a pocos metros sobre nuestras cabezas, los letreros de los antiguos gremios que se conservan en las tiendas tradicionales pero que incluso se han adaptado para las grandes multinacionales que también han invadido esta calle. Es la imparable globalización.

En Getreidegasse se sitúa también la casa natal de Mozart, uno de los museos más frecuentados de Austria. Allí el genio vino al mundo en 1756 y su familia la habitó durante 26 años enteros.

La fachada amarilla llama la atención y es imposible despistarse porque siempre tiene una pequeña multitud a la puerta tomando fotos. En su interior se puede visitar la reconstrucción de la vivienda y objetos originales como el violín infantil y el clavicordio que (dicen) tocó él mismo. Nosotros no lo visitamos por falta de tiempo, así que no puedo hablar en primera persona, y tampoco entramos a la residencia de Mozart, un edificio que fue arrasado en la Segunda Guerra Mundial y posteriormente reconstruido.

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Foto: Edwin.11, Creative Commons
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Interior de la casa natal. Salzburg.info

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Dejando atrás los iconos mozartianos, y siguiendo los pasos de la calle más comercial y famosa de la ciudad se llega al barrio de la Catedral, un edificio del siglo XVII de interior austero en el que destaca una bonita y colorida cúpula.

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En el exterior, a pocos pasos, los aficionados a la meteorología se sorprenderán con una recargada estación meteorológica del siglo XIX que es un monumento protegido.

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El centro de Salzburgo es relativamente pequeño y se puede recorrer perfectamente andando, así que tras otro pequeño paseo en dirección a la colina del castillo uno se topa con el “Friedhof von St. Peter” (o cementerio de San Pedro), imprescindible para los fans de Sonrisas y Lágrimas. Entre sus lápidas y catacumbas huye de los nazis la familia protagonista, pero más allá de su interés como localización cinéfila, se trata de un lugar con un ambiente especial.

Es uno de los cementerios más renombrados del mundo y tiene la fama bien merecida. Pegado a las escarpadas paredes de la montaña y vinculado a una comunidad de monjes que habita el lugar desde el siglo VII, contiene una pequeña capilla gótica y multitud de tumbas de personajes importantes de la historia de la ciudad.

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El paseo por el cementerio, un lugar de recogimiento, tranquilo y acogedor desde el que se tienen vistas hacia las bellas iglesias del entorno, es gratuito y absolutamente recomendable. Hay que pagar una pequeña entrada (2 euros) si se quiere ver las catacumbas, nosotros no entramos y mi impresión es que no merece demasiado la pena.

 

Junto a la puertecita del Friedhof se encuentra el acceso al funicular que permite ascender sin dejarse las energías hasta el castillo de Salzburgo y cuya entrada se vende conjuntamente con el acceso a las salas de la fortaleza.

El Hohensalzburg no es un edificio sino un enorme complejo defensivo iniciado por un arzobispo en torno al año 1000 y sucesivamente ampliado, que durante siglos nunca pudo ser conquistado y que permite pasar varias horas en su interior, así que hay que seleccionar lo que se quiere ver.

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La fortaleza tiene mucho interés histórico, incluye habitaciones principescas medievales, un museo con objetos de la vida de los nobles y el clero dominante entonces, salas donde se explican los antiguos instrumentos de tortura y hasta un pequeño museo de las marionetas, pues este tipo de teatro es una de las tradiciones artísticas de esta zona de austria.

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Pero lo mejor de subir al castillo son las vistas, únicas sobre el centro de la ciudad que permiten apreciar las cúpulas de bronce de la catedral y del resto de las iglesias, con su característico color verde-azulado.

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También existen miradores hacia el lado sur, donde los Alpes vuelven a escarparse y nos recuerdan que seguimos en una tierra vinculada desde siempre a la relación con las montañas. Hay varias terrazas en las que dejar pasar el tiempo sin pensar demasiado y simplemente admirar el paisaje, de un intenso verdor y coronado en aquel mes de mayo con las cumbres nevadas a lo lejos.

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El recorrido por el castillo nos llevó un par de horas y terminó de completar nuestra particular panorámica de la ciudad, tras lo cual, de nuevo en el funicular, volvimos a bajar al barrio catedralicio, a la plaza donde la ciudad recuerda a Mozart con una estatua y a los coquetos alrededores donde se nota el poderío económico y turístico del enclave.

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Hubo tiempo para darse una vuelta por las tiendas, para encontrarnos con una dedicada todo el año a la navidad y para tomar un tentempié en una cadena de comida rápida donde nos topamos con un cliente muy particular. Ataviado con la peluca de la época, probablemente venía de representar a… ¿Mozart? para algún grupo de visitantes o se disponía a iniciar alguna actuación callejera.

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De regreso al hotel, de nuevo en la orilla opuesta del río, nos asomamos a los jardines de Mirabell, un remanso de arquitectura verde de estilo barroco que hace honor a su nombre (algo así como bella vista). Separan la ciudad vieja del palacio del mismo nombre y cuentan con famosas esculturas como el jardín de los enanitos y una fuente dedicada a Pegaso.

Diseñados en el siglo XVII, son un lugar ideal para obtener una panorámica de las torres de la catedral alineadas con el castillo. Además, fueron objeto de otra famosa escena de Sonrisas y Lágrimas, el final de la canción DO-RE-MI:

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Acababa así nuestra jornada en Salzburgo. No dio tiempo a ver otra joyas como el propio palacio de Mirabell, el convento de Nonnberg o el complejo de Hellbrunn y sus juegos de agua situados a las afueras. Cerca de la ciudad se pueden hacer además excursiones a la montaña con cuevas de hielo, funiculares o trenes que ascienden hasta tocar el cielo, en busca de paisajes idílicos. Pero todo eso quedará para otra ocasión, pues debíamos seguir en ruta.

Nuestro próximo destino en el roadtrip austriaco sería, ya al día siguiente, el pueblo de Hallstatt, que presume de ser nada menos que el más bonito del mundo. ¿Cumpliría nuestras expectativas?…

2 comentarios en “Salzburgo. La ciudad de la música

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