Navidad en Nueva York. El esplendor de la Gran Manzana

Habrá ciudades más históricas,  mucho más religiosas, más artísticas e incluso más coquetas, pero no hay otro sitio en el mundo más gigantescamente navideño. Luces, villancicos, decoración profusa, buen rollo en cada esquina y un ambiente especial que lo impregna todo durante un mes. Bienaventurados aquellos que pasen una Navidad (o varias, si es posible) en Nueva York.

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Si cualquier época del año es buena para admirarla, desde mediados de noviembre al 31 de diciembre supone el esplendor de la Gran Manzana. Incluso el frío que azota sin piedad cuando vienen las borrascas del Canadá añade el abrigo necesario e invita a impregnarse del necesario espíritu que es magia y que, al menos durante unos días, ofrece apariencia de felicidad, y hasta puede que lo sea.

No es casualidad que sean las fechas más caras del año y que los hoteles y las compañías aéreas se aprovechen (imprescindible reservar vuelo y alojamiento con muchísima antelación), pero sin duda merece la pena pagar más para vivirlo y pasear, pasear y pasear para empaparse de olores, colores y sabores.

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La navidad neoyorquina tiene muchas caras y casi todas las conocemos por la películas. El típico tópico nos conduce obligatoriamente a las pistas de hielo. Hay muchas repartidas por los barrios pero las más famosas son las de Central Park, Bryant Park y el Rockefeller Center. Miles de personas de todas las edades y niveles patinadores se pasan horas dando vueltas al son de los villancicos y otras tantas miles se quedan embobadas mirándolos disfrutar. Hay tanto espectáculo dentro como fuera de la pista.

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La de Bryant Park es la más coqueta, rodeada del Christmas Village donde uno puede comer, beber y comprar (el consumismo nunca puede faltar). La del Central Park resulta especialmente agradable en los días soleados, cuando además de los patinadores puede comtemplarse en segundo plano el bosque de rascacielos entre los árboles pelados,  pero si tuviera que elegir solo una me quedaría con la del Rockefeller… y de noche.

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Es un placer para la vista y para los oídos contemplarla bajo el árbol de navidad más famoso del mundo, una enormidad que en este 2017 mide 23 metros. Rodeado de los rascacielos puede no parecer tan gigante pero hay que compararlo con un edificio de 8 plantas. ¿Alguien conoce algo parecido en su ciudad? Tenía que ser en Nueva York.

Desde hace 80 años su ceremonia de encendido marca el inicio oficial de la Navidad y desde hace unos cuantos menos la estrella de Swarosvki que lo corona atrae la admiración de quienes no podemos ni soñar con ella. Es el epicentro de la City estos días y a escasos pasos de esa misma plaza la Quinta Avenida luce sus mejores galas.

Los grandes almacenes Sacks dejan boquiabiertos con el espectáculo de vídeo que proyecta sobre la fachada y que cambia cada año. Y subiendo la avenida hacia el norte tiendas legendarias como Tiffany’s o Bergdorf Goodman se esmeran por hacer los mejores escaparates del año, auténticos expositores de museo que generan procesiones para verlos y obligan a regular el tráfico peatonal en las aceras para evitar aglomeraciones.

Nueva York tiene también multitud de mercadillos navideños. No esperen el sabor auténtico de las plazas alemanas, pero sí imaginación a raudales a la hora de vender recuerdos, adornos para el árbol y todo tipo de objetos, comestibles o no.

Uno de esos productos que no pasa de moda por mucho que transcurran los años es el espectáculo de Las Rockettes. Ideal para refugiarse de las bajas temperaturas y pasar un par de horas viendo un show único en el mundo, estas “bailarinas de precisión” como se definen oficialmente actúan todos los días, con varias sesiones, en ese templo llamado Radio City Music Hall.

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Este teatro es ya un valor en sí mismo, una sala gigante inaugurada en 1932 con casi 6.000 localidades cuando en Europa algo así era impensable. Por compararlo con algo conocido, el Teatro Real tiene 1.800 butacas y el Liceo 2.200. En su impresionante recibidor hay un árbol de navidad de tamaño considerable además de una lámpara gigantesca, y sus baños te transportan a otra época en la que los señores y señoritos, señoronas y damiselas de la alta sociedad, disfrutaban de sofás, lugares de lectura, mesas y espejos para acicalarse antes de llegar a las letrinas.

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El espectáculo se denomina ‘Christmas Spectacular’ y es un número básicamente musical, pero no solo eso. Desarrolla un tema eminentemente navideño pero además de los bailes y canciones sorprenden al espectador con un Santa Claus que vuela o con un techo capaz de hacer nevar sobre sus cabezas. Toda una experiencia.

Para quien sea más de deporte que de musicales (no son aficiones incompatibles) tiene la siempre atractiva opción de ver un partido de la NBA en el Madison Square Garden. Es otro plan muy recomendable para las frías tardes/noches y suele ser asequible para todos los bolsillos. Dado el regular nivel deportivo de los NY Nicks en los últimos años es posible encontrar entradas a precios más baratos que un partido en el Bernabéu o en el Camp Nou, aunque tendréis que aflojar más el bolsillo si os apetece ver el duelo del día de Navidad, una cita clásica del baloncesto norteamericano que convierte la competición en una fiesta familiar.

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Nueva York es una ciudad cosmopolita y con una gran presencia de judíos. Por eso no es extraño que en multitud de escaparates la referencia a la Navidad conviva con la de la Hannukah, la fiesta hebrea de Las Luces que, aunque varía de fecha entre noviembre y diciembre, siempre se solapa con las celebraciones cristianas. Por eso se escucha casi tanto el “Happy Hannukah!” como el “Merry Christmas!”, sobre todo en determinados barrios.

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Para vecinos admirablemente navideños, los de Dycker Heights. Esta zona situada en el sur de Brooklyn es famosa por la decoración profusa de las casas y sus propietarios compiten entre ellos para ver cuál decora más y mejor su vivienda tras invertir considerables dinerales. Está bastante lejos del centro (una hora en metro aproximadamente) y hay que emplear una tarde, caminata incluida, para llegar hasta allí teniendo en cuenta que no está demasiado bien señalizado.

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Si decidís ir por vuestra cuenta se recomienda coger el metro D o M hasta la estación de la 18th Avenue y las mejores luces están entre las avenidas 11 y 13 y entre las calles 83 y 86. Si no queréis complicaciones, también hay tours guiados.

El colofón a una Navidad en Nueva York, puesto que ellos no celebran los Reyes Magos ni nada parecido, es poder celebrar la Nochevieja en Times Square, la entrada en el Año Nuevo desde el corazón de Manhattan. No he tenido aún la oportunidad de vivir esa experiencia y los que han estado allí relatan mucho frío, muchas apreturas de gente y muchas horas de espera pero… ¡Cómo será ese momento de la bajada de la bola seguido de una explosión de luces y fuegos artificiales!

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Times Square, en la Nochevieja de 2012. Foto: Nichole A. Hall

Algún año habrá que vivirlo, incluso con 12 uvas en la mano para no perder las costumbres patrias. Si vais antes vosotros, o ya lo habéis vivido, me lo contáis.

 

 

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