Mont Saint Michel. ‘La Maravilla de Occidente’

Hay lugares que son simplemente especiales, sin parangón en ningún otro sitio, que son únicos, inigualables e irrepetibles. Entre ellos está el que posiblemente sea el peñasco más bonito del mundo. Lo bautizaron como “La Maravilla de Occidente” y no es nada exagerado.

IMG_1502

El Mont Saint Michel, en el norte de Francia, es un pedazo de tierra asomado al mar que dependiendo del capricho de las mareas puede ser península o islote. Los vaivenes en la altura del agua son aquí especialmente espectaculares, alcanzan hasta 14 metros de altura y se abalanzan rápidamente sobre el incauto. Solo eso ya merecería convertir al Saint Michel en un lugar con personalidad propia, pero además la mano del hombre ha moldeado ese promontorio de más de 100 metros de alto para esculpir en él una abadía digna de El Nombre de la Rosa, una fortaleza de Juego de Tronos que fue inexpugnable para los ingleses durante la Guerra de los Cien Años y unas calles más propias de las novelas mágicas de Harry Potter.

Algo así es muy difícil de sustraer a las masas de turistas y eso, en efecto, es el principal problema con el que se topará el viajero. 3,5 millones de personas lo visitan cada año y lo convierten en uno de los lugares más frecuentados del país galo. Si podéis, lo recomendable es visitarlo por las tardes cuando las marabuntas de cruceros y excursiones organizadas se retiran, pero si no, pese a la masificación, el resultado merecerá muy mucho la pena.

A la bahía del Monte se accede a través de una carretera secundaria por la que, desde varios kilómetros antes, ya se divisa su silueta inconfundible. Hasta hace unos años los coches podían llegar casi al pie de las murallas e ir repartiéndose en distintos aparcamientos cuyo desalojo era obligado a medida que subían las mareas. Ahora hay que aparcar mucho antes, en tierra firme, y desde allí tomar lanzaderas que salen cada 5 minutos.

IMG_5463

El párking es de pago, pero no hay otro remedio. La única alternativa es que si estáis alojados en uno de los hoteles que están en La Caserne, justo antes del istmo final podéis dejar el coche a la puerta del establecimiento. Eso sí, hay que obtener un código que cambia cada día y que cuesta 4 euros cada vez que se quiera salir y entrar del recinto.

Nosotros acabamos de visitar el Saint Michel este mismo verano de 2017 y nos alojamos en un hotel llamado Le Relais du Roi. De categoría media y precio aceptable, tuvimos la suerte de tener un balcón desde que el se veía el islote. Durante dos noches pudimos admirarlo muy de cerca y fotografiarlo con distintas luces.

IMG_1379IMG_1344

En ese mismo ‘pueblo’ (por llamarlo de alguna manera, pues son solo un puñado de edificios) hay también varios restaurantes y un pequeño supermercado así que los que se alojan en ellos pueden ser autosuficientes.

Junto al hotel hay una pequeña presa que regula el río Le Couesnon, el que desemboca en el Saint Michel. Ese control artificial ayuda a paliar los efectos de las mareas y fue precisamente la que determinó que, de forma definitiva, el monte acabara en territorio de Normandía porque es su curso el que marca la frontera con Bretaña. Antes, dependiendo del capricho de las aguas, a veces estaba en un lado y a veces en otro. Ahora, aunque sobre el papel es normando, el peñasco conserva tradiciones, estética y gastronomía bretona.

IMG_1359
Presa del Couesnon. Cuando la marea (al fondo de la imagen) sube lo suficiente, el muro vierte hacia el río y provoca que las aguas discurran en contra de la corriente ‘natural’

Para llegar hasta el recinto amurallado puedes darte un paseo de una media hora o tomar una de las lanzaderas que en 5 minutos te dejan muy cerca. Y a partir de ahí no dejarás de abrir la boca. Primero porque la belleza de lugar impacta a cualquiera y segundo porque todo está arriba. Muy arriba. Cientos de escalones que conducen hasta las alturas.

IMG_1393 2

IMG_1459

Desde la propia puerta de entrada al pueblo que surgió en torno a la abadía las calles parecen de otro mundo. Entramados de madera, tejas que podrían tener varios siglos, calles estrechas flanqueadas de tiendas y restaurantes y un paseo de ronda que recorre toda la muralla. E insisto, si vais por la tarde veréis exactamente lo mismo y os ahorraréis una sucesión de codazos y tapones humanos a lo largo de todo el paseo.

IMG_1406

El objetivo de los paseantes es llegar hasta la abadía, la joya de la corona. Situada en lo más alto, comenzó su historia en el siglo VIII cuando cuando el obispo de la cercana localidad de Avranches, un tal Aubert, hizo elevar en el llamado Mont-Tombe un santuario en honor del Arcángel San Miguel. Dice el folleto que entregan a todos los turistas que el monte se convirtió rápidamente en un lugar importante de peregrinaje y que en el siglo X los monjes benedictinos se instalaron en ella mientras que poco a poco, ladera abajo, se desarrollaba un pueblo que llegó hasta la orilla del mar en el siglo XIV.

IMG_1416

El resultado actual es un recinto religioso impactante. Desde su entrada, a través de unas escalinatas flanqueadas por altas paredes donde todavía hoy moran unos religiosos, hasta las terrazas desde las que se divisa la bahía o el interior de la iglesia abacial.

Todo tiene un tamaño y una ubicación excepcional. Parece increíble que en ese lugar la fe, el afán defensivo militar, las demostraciones de poder o la tradición hayan conformado semejante conjunto histórico. Cómo no, la Maravilla y su entorno son Patrimonio de la Humanidad.

La entrada a la abadía cuesta 10 euros (el acceso al resto del pueblo es gratuito) y puede comprarse con antelación por internet para ahorrarse la cola. Dada la masificación habitual, lo recomiendo fervientemente aunque haya que pagar un pequeño suplemento por gestión. El recorrido dura entre 1 hora y 2 dependiendo de vuestro ritmo, de si cogéis audioguía y de lo que os guste recrearos y pasa por la iglesia, el claustro (ahora en obras), las terrazas panorámicas, el refectorio, las antiguas salas nobles o una enorme rueda que ejercía de grúa para subir mercancías por la pendiente del monte.

Desde arriba se comprenden y aprecian todavía mejor las espectaculares mareas de este lugar. El día de nuestra visita, un 12 de julio, tenía lugar una de las más intensas de todo el año y con la bajamar varios grupos organizados o personas por su cuenta se aventuraron a caminar sobre el barro grisáceo que dejan las aguas al retirarse. Para alguien de secano como yo, a quien el mar le atrae siempre y en cualquier circunstancia, aquello fue especialmente sorprendente. Las olas al retirarse dejan al descubierto cientos de hectáreas que, pocas horas después, vuelven a tomar como lo hacen por duplicado cada día.

IMG_1419
Esas hormiguitas son paseantes sobre el barro, en el terreno del que se han retirado las aguas durante la bajamar
IMG_1417
Desembocadura del río, con la marea baja. Al fondo, los hoteles y restaurantes de La Caserne

El paseo no es una actividad de riesgo si se hace sabiendo previamente a qué hora volverá la marea y si uno no se despista demasiado. El resultado, en cualquier caso, serán unos pies llenos de barro y unas vistas espectaculares sobre el islote, incluyendo su parte trasera que está plagada de vegetación y que es imposible ver si no es desde el terreno marino.

IMG_1285

IMG_1311
Vista desde el mismo punto, con la marea baja y alta

Acabada la visita de la abadía, y tras una buena pechada de escaleras arriba y abajo, el recorrido puede completarse por los jardines que la rodean o por el cementerio de la pequeña iglesia parroquial situada a sus pies, que también cuenta con una imagen del arcángel San Miguel y que venerada todavía hoy en día por los peregrinos.

Con todo esto, es posible pasar media jornada o una jornada entera dentro del peñasco así que llegará un momento en el que el hambre haga de las suyas. Y tratándose de un sitio tan turístico no faltan lugares para cenar o comer. Salvo los puestos de comida para llevar, que no son muchos y que incluyen las clásicas creperías y ‘boulangeries’ francesas, la tortilla es el gran clásico de Saint Michel. 

Esta ‘omelette’ no es una cosa cualquiera. Baten tantísimo el huevo que lo convierten en una especie de mousse, así que el resultado es una pieza enorme, crujiente solo en sus partes superior e inferior, que puede estar rellena de lo que uno quiera y que resulta riquísima.

IMG_0087

El mito culinario del pueblo es La Mére Poulard, un templo gastronómico con varios premios en su haber y que cobra 38 euros por su archifamosa tortilla. La misma marca tiene otros restaurantes un poco más adelante, calle arriba, donde aunque no sea en el mismo establecimiento se pueden comer tortillas similares por la mitad de precio, y por supuesto hay otros lugares de mayor o menor categoría y en ninguno falta el plato estrella del lugar.

Además de las omelettes, la gastronomía del entorno (bien en el monte o en el pueblo situado ya en tierra firme) mezcla las tradiciones normanda y bretona, con bastante buen acierto. Hay ostras y mariscos para quienes gusten de este lujo, los mejillones fritos que tanto recuerdan a Bruselas, quesos a tutiplén, mantequilla como ingrediente casi indispensable en cada plato, verduras de temporada, sidra como bebida regional y de postre unas ricas galletas.

IMG_1454IMG_1458

Con eso podéis poner la guinda al pastel de vuestra visita al Mont Saint Michel. Es una experiencia maravillosa, que a cada hora del día y con cada situación climatológica ofrece una luz distinta y que merece muy mucho la pena pese al carácter remoto del lugar. 

La Maravilla hace honor a su nombre y no deja indiferente. Cautiva, evoca otras épocas y otros lugares, el medievo eterno en el que toda Europa estuvo sumida durante cinco siglos y que nos dejó vestigios tan vivos como este del norte francés. Viaje obligado, destino para disfrutar y paladear. Si tenéis la oportunidad, contempladlo despacio, fijando el paisaje en vuestra retina. No lo olvidaréis con facilidad.

IMG_1500

3 comentarios en “Mont Saint Michel. ‘La Maravilla de Occidente’

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s