El Big Sur. ¿Te gusta conducir? (Dos Mil Millas por la Costa Oeste X)

El océano a un lado, la montaña al otro. Una temperatura perfecta, un día soleado, una ruta sin apenas tráfico. Velocidad moderada, sacar la mano por la ventanilla y hacer el movimiento de las olas. Imposible no acordarse de aquel anuncio de BMW. Y el escenario ideal para recrearlo es el Big Sur, para muchos la carretera más bonita del mundo.

Las 90 millas (casi 150 kilómetros) que separan Carmel By The Sea de San Simeón, en la costa central de California, están recorridas por la vieja Highway 1. Hace mucho tiempo dejó de ser carretera principal en favor de las autopistas de interior pero precisamente por eso, liberada de la afluencia masiva de coches y camiones, tiene mucho más encanto.

Casi siempre circula pegada a los acantilados que se desploman sobre el Pacífico, en los que acaban las montañas plagadas de vegetación, y cuando no lo hace se adentra en los bosques cercanos, atraviesa puentes y túneles y permite imaginar cómo sería el prodigioso esfuerzo de construir esta vía de comunicación que durante décadas logró vertebral California, comunicando San Francisco y Los Ángeles a la orilla del mar.

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El Big Sur es una cita imprescindible en cualquier roadtrip por California y nosotros lo hicimos de norte a sur, aunque el sentido es indistinto. Dependiendo de la hora del día tendréis fotos diferentes con el sol apareciendo tras las colinas o acostándose en el horizonte infinito de las aguas, pero todas serán preciosas. Es una maravillosa experiencia que lleva alrededor de 4-5 horas, con varias paradas y tomándoselo con calma porque esta no es una carretera para correr sino para disfrutar, con un solo carril por sentido que apenas permite adelantar porque no se necesita.

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Entre Carmel y San Simeón no hay ni un solo pueblo que merezca tal consideración. Como mucho pequeñas aldeas escondidas a un lado o al otro de la carretera cuyos vecinos tienen que bajar los buzones hasta la Highway para facilitar el trabajo del cartero, y también unas cuantas zonas de acampada, pequeños hoteles, bares y restaurantes. Y, sobre todo, multitud de puntos panorámicos.

De norte a sur, el primero y probablemente más famoso de todos es el Puente de Bixby Creek. Con una altura de 85 metros y construido en 1932, es una magnífica obra de ingeniería que resulta parada imprescindible. Como en el resto de puntos señalados existen señales en la carretera que te indican, aunque con no demasiada antelación, la existencia de una ‘Scenic View’ y pequeños apartaderos donde dejar el coche para contemplarlos con tranquilidad.

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El Big Sur va adaptando su trazado a la orografía del terreno y por eso durante algunas millas resulta muy revirada, otras veces el paisaje se abre y permite alguna recta, a veces desciende hasta casi la altura del agua y en otras ocasiones se contempla desde decenas de metros.

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Así ocurre con otra de las citas obligadas, la pequeña cascada de McWay Falls, en pleno parque natural de Julia Pffeifer Burns State Park. Se trata de un salto de agua que surge de repente de la montaña para caer directamente sobre la arena de una playa paradisiaca que queda a los pies del conductor.

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El Julia Pfeiffer es enorme, una gran zona verde protegida con zonas recreativas. Tiene su propia entrada que exige desviarse de la carretera principal y cuenta con rutas de senderismo, así que si queréis emplear un día de tranquilidad en plena naturaleza puede ser una buena opción, pero nuestro objetivo era continuar hacia el sur.

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Fuimos haciendo paradas cada pocos kilómetros, cada vez que anunciaban un punto panorámico o que el paisaje nos llamaba la atención y había un apartadero. Comimos en un bar al pie de unos acantilados, con la brisa del océano entrando por la ventana y ayudando a ahuyentar las moscas (no todo podía ser tan perfecto), y llegamos hasta Ragged Point, un área de descanso con tiendas, restaurantes y alojamiento que es sobre todo famoso por sus miradores y por la posibilidad de bajar caminando hasta el agua a través de unos empinados senderos.

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Más curvas, subidas, bajadas, siempre gozando de la conducción sin prisas, y el paisaje empieza a suavizarse poco a poco a medida que uno avanza hacia Los Ángeles, hasta que enfila las llanuras que indican que el Big Sur se está acabando. Justo al final están dos de los grandes atractivos de la zona.

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Por un lado, el Elephant Seal Vista Point. Se trata de una enorme playa en la que se agolpan, todos los días del año, cientos de leones marinos. Es increíble cómo aquí han encontrado un lugar perfecto para su descanso entre migraciones y resulta sorprendente verlos retozar, revolcarse en la arena y emitir sus sonidos característicos. Todo un espectáculo de sensaciones, incluido el fuerte olor que desprenden, que siempre tiene pendientes a unos cuantos turistas cámara en mano cuya presencia ni les inmuta a los animales, más que acostumbrados a ser las estrellas.

A muy pocos kilometros, cuando los acantilados ya han desaparecido, se encuentra el Castillo Hearst, una locura del multimillonario Randolph Hearst, en quien se inspiró ‘Ciudadano Kane’, y que decidió que este lugar perdido del mundo sería el perfecto para su retiro, para construirse una mansión con opulentas piscinas y ostentosos salones, todo ello decorado con la pretensión de que pareciera uno de los grandes palacios europeos para lo que adquirió obras de arte originales, sin olvidar que en la inmensa finca que lo rodea estuvo el zoo privado más grande del mundo, donde todavía hay animales salvajes como las cebras.

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Piscina romana del Hearst Castle (imagen de Wikipedia Commons)

El Castillo cierra muy pronto incluso en octubre (fecha en la que fuimos nosotros), así que no nos dio tiempo a verlo, sino únicamente a darnos una vuelta por el centro de recepción de visitantes de donde parten los autobuses que suben hasta el castillo. Pero una vez más, si se dispone de tiempo, puede resultar curioso conocer este lugar excéntrico fruto de un tiempo y una forma de vivir desmesurados.

Junto al párking de ese centro de visitantes está el San Simeon Pier, un bonito muelle donde acudir cuando esté cercana la puesta de sol.

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Porque aquí, como ocurrió en Carmel la noche anterior, vivimos otro de los atardeceres más espectaculares de la ruta. Esta vez la tarde estaba despejada y el astro rey, convertido en una gran bola naranja, se fue ocultando poco a poco tras el mar. Estábamos en una playa enorme, la de San Simeon, donde se agrupan unos cuantos hoteles en los que pernoctan la mayoría de los viajeros del Big Sur. Muchos acabamos el día en ese punto, despidiendo al sol, y disfrutando de otra jornada más del viaje.

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NOTA IMPORTANTE: A finales de mayo de 2017 ha ocurrido un tremendo deslizamiento de tierras más o menos a mitad del Big Sur. Buena parte de la ruta está cortada y muchas zonas están incomunicadas entre sí. Se prevé que las obras puedan durar más de un año y hay voces que cuestionan incluso la conveniencia de arreglar la carretera. Así que si pensáis hacerla, informaos bien antes de partir de qué tramos pueden hacerse y cuáles son las alternativas, siempre por carreteras de montaña que resultan complicadas. Os dejo un enlace a un periódico local, con vídeos y fotos impactantes.

Y más al sur……… el pueblo danés de Solvang.

Esta pequeña población está técnicamente fuera del Big Sur, pero sigue estando de paso en la ruta hacia Santa Bárbara y Los Ángeles. La descubrimos por casualidad en internet y fue una de nuestras paradas la mañana siguiente para así partir el camino y poder descansar un poco (entre San Simeón y la Ciudad de las Estrellas todavía hay casi cuatro horas).

En la ruta se pasa por Morro Bay, una gran formación rocosa que recuerda al peñón de Gibraltar y da nombre a la localidad más cercana y que se aprecia perfectamente desde la autopista que circula unos kilómetros hacia el interior.

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Solvang tiene una particular sonoridad nórdica y, en efecto, es un pueblo fundado por daneses. Estos emigrantes huían del frío tanto de sus tierras como de la costa este de los Estados Unidos y encontraron este emplazamiento en la agradable California, pero no quisieron renunciar a su arquitectura.IMG_0288IMG_0577

Por eso encontramos casitas de cuento, la plaza de Hamlet, molinos rústicos, entramados de madera e incluso una escultura de Hans Christian Andersen, uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos.


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En definitiva, una curiosa, tranquila y atractiva parada para la que solo hay que desviarse un par de kilómetros y que recomiendo a todo el que circule por la zona. A partir de ahí comenzaba el ‘asalto’ al área metropolitana de Santa Bárbara-Los Ángeles y sus inevitables atascos. Pero será harina de otro costal en este blog…

 

Un comentario en “El Big Sur. ¿Te gusta conducir? (Dos Mil Millas por la Costa Oeste X)

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