Carmel By The Sea, el pueblo que gobernó Clint Eastwood (Dos mil millas por la Costa Oeste IX)

Dos horas al sur de San Francisco, escondida tras la península de Monterrey, la localidad de Carmel By The Sea es uno de los pueblos más conocidos de la costa pacífica estadounidense. Destino pintoresco donde los haya y también pijo, de gente adinerada y al mismo tiempo de mentalidad hippie, nostálgicos de los felices años 70 se dan cita en estas playas rodeadas por los cipreses característicos de la zona y desde las que se contemplan unos atardeceres absolutamente espectaculares ante la inmensidad del océano.

Carmel es una parada imprescindible para los que, como nosotros, realizan la ruta entre San Francisco y Los Ángeles (o viceversa) a través de la llamada Big Sur, probablemente la carretera panorámica más famosa y bonita del mundo.

Precisamente el Big Sur comienza (o termina) en sus afueras. Si vienes, como era nuestro caso, desde la ciudad del Golden Gate, lo harás a través de una autopista de varios carriles que recorre las localidades de San José, Palo Alto, Stanford, Cupertino… todo el Silicon Valley y sus sonoros nombres vinculados a las empresas tecnológicas más importantes del planeta se aparecen en los carteles y es inevitable pensar en Google, Facebook o Apple. De hecho, los apasionados de los ‘cacharritos’ pueden hacer parada ante sus sedes y fotografiarse ante los carteles que adornan las entradas.

Llegamos a Carmel en torno al mediodía y nada más adentrarnos en sus calles apreciamos lo más destacado del lugar: las casas. Algunas son auténticas mansiones espectaculares y muchas parecen salidas de un cuento. Con formas extravagantes, figuras curvadas, toldos coloridos y vegetación decorativas en torno a muchas de ellas, parecen sacadas de una historia de hobbits y duendes.

Nos alojamos en el Hofsas House, un establecimiento de inspiración alemana en el que cada habitación es distinta a las demás y que cuenta con una tentadora piscina indicativa de que aquí ya empieza la California del sur y el tiempo no es tan cambiante y dependiente de las nieblas como en San Francisco.

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En Carmel todo está a un paseo y nos dirigimos caminando hacia Ocean Avenue, la arteria principal a cuyos lados se agolpan las tiendas. Porque además de por la estética de las edificaciones, a este destino se le conoce por las compras.

El pequeño centro comercial Carmel Plaza, con su patio interior abierto al cielo, es el máximo exponente. Los precios de la mayoría de los establecimientos son prohibitivos para una economía media española, pero merece la pena darse una vuelta, apreciar la cuidada decoración e incluso tomarse a broma algunos de los productos (y precios) que se exhiben en los escaparates.

Muchas de las casas más bonitas también son tiendas o restaurantes y uno puede pasarse tranquilamente un par de horas recorriéndolas, fotografiándolas y escudriñando entre los pequeños patios interiores que las comunican entre las calles principales. Apenas hay tráfico y se respira tranquilidad, pero de vez en cuando también pasa algún cochazo que te recuerda, por si lo hubieras olvidado, el nivel de la localidad.

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Carmel, además, es famosa mundialmente porque fue el municipio del que fue alcalde Clint Eastwood. El actor y director gobernó un par de años, entre 1986 y 1988, pero ese corto periodo le sirvió a él como experiencia política y a la localidad para otorgarle una etiqueta que le aporta todavía más visitantes y curiosos.

Cuando nosotros fuimos, en octubre de 2015, ya estaban preparando Halloween y se notaba en la decoración de algunas tiendas. En esto los americanos son imbatibles. Encadenan unas fiestas comerciales con otras y estiran al máximo el calendario con tal de lucir unos adornos que, sin duda, están muy currados.

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El ambiente relajado y ‘buenrollista’ se deja notar también en la sucesión de carteles que puede contemplarse en varias tiendas de recuerdos y decoración. Todos mensajes positivos, algunos con tono humorístico, perfectos para llevarse un buen recuerdo (físico o imaginario, depende de la capacidad de vuestra maleta y vuestro bolsillo).

Al final de la Ocean Avenue, en una pronunciada cuesta abajo, el entramado urbano se abre hacia la gran playa. La vegetación llega hasta la misma arena, blanquecina, por la que corretean las ardillas habitantes del arbolado más próximo y que configura una pequeña bahía entre el verde de las colinas y el azul del mar, una combinación perfecta con temperaturas suaves que desde hace décadas lleva a la gente pudiente de la zona a pasar sus días, meses o años de asueto por aquí.

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La espectacularidad de la costa, además de en la Big Sur que merecerá su propia entrega en este blog, puede apreciarse en la 17 Mile Drive, una carretera costera que conecta con Monterrey y que, ojo, es una vía privada por lo que para recorrerla hay que pagar 10 dólares.

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Pero Carmel no es solo la frivolidad de las compras, el retiro playero, las mansiones y el golf. Tiene una gran carga histórica vinculada a la misión de San Carlos Borromeo del Carmelo, origen del nombre de este emplazamiento fundado por los españoles en el año 1771.

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Fue la segunda de la serie de misiones de Fray Junípero Serra en la costa de California. El religioso, canonizado hace dos años por el Papa Francisco, colonizó estas tierras entonces bajo el dominio de la Corona española y con un propósito evangelizador fue creando asentamientos para cristianizar a los indios, con los que evidentemente también tuvo conflictos y enfrentamientos.

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Fray Junípero es el único español que cuenta con una imagen propia en el Salón Nacional de las Estatuas del Capitolio de Washington, un reconocimiento que le convierte en uno de los grandes personajes de la historia de lo que posteriormente fueron los Estados Unidos de América, aunque durante su vida fuera una mera extensión del Virreinato de Nueva España (hoy México).

Sus fundaciones, siempre en la costa o en territorios cercanos, dieron lugar a ciudades que hoy son algunas de las más importantes de California e incluso del conjunto del país: San Francisco, Los Ángeles, San Diego, Santa Bárbara, Santa Clara, San Luis…

Los restos de Fray Junípero descansan precisamente en la misión de Carmel, que es visitable a cambio de la voluntad, y en la que puede contemplarse su tumba, una reconstrucción de las austeras habitaciones de los franciscanos inspirada en las del siglo XVIII, la iglesia y un patio de estética colonial que transporta directamente a otro tiempo y otra cultura completamente distintas a la que predominan hoy en la zona.

La mejor manera de terminar el día en Carmel, sin duda, es bajar a la playa a contemplar la puesta de sol. Es un gran espectáculo que solo son capaces de estropear las tardes nubladas (como la que nos tocó a nosotros). Pero aun así, el cielo dejó una pequeña franja despejada, justo por donde debía ocultarse una gran bola naranja, que se metió en el mar mientras decenas de personas lo contemplaban de frente. Y, por supuesto, todo acabó en un aplauso.

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Tras el broche natural a la jornada, al día siguiente tocaba disfrutar del viaje hacia el sur por toda la costa. Un maravilloso espectáculo de flora y fauna entre el mar y la montaña.

2 comentarios en “Carmel By The Sea, el pueblo que gobernó Clint Eastwood (Dos mil millas por la Costa Oeste IX)

  1. Pingback: El Big Sur. ¿Te gusta conducir? (Dos Mil Millas por la Costa Oeste X) – ViaHeroconH

  2. Pingback: Los Ángeles, la ciudad de las estrellas (Dos Mil Millas por la Costa Oeste XI… y último) – ViaHeroconH

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