Ámsterdam. Mucho más que el Barrio Rojo

La capital holandesa es famosa por muchos tópicos. Dos de ellos son sus canales por los que presume de ser ‘La Venecia del norte’ y sus bicicletas que lo inundan todo hasta convertirse en agobiantes. El tercero es la fama de transgresora que le ha dado la existencia del Barrio Rojo, donde la prostitución se exhibe sin complejos y  donde están muchos de los mitificados ‘coffee shops’, bares donde es legal fumar marihuana e incluso consumir setas alucinógenas. Pero además es una ciudad con un nivel cultural espectacular. Es abierta, es variada, es una de las mejores escapadas que uno puede hacer por Europa.

Ámsterdam tiene el Rijksmuseum, una de las grandes pinacotecas de Europa y por lo tanto del mundo, y además el Museo Van Gogh, dedicado a la figura del genial artista de la oreja cortada, que provoca admiración en todo el mundo. Y sí, también el puntillo de la zona pícara y desinhibida por el que todos los turistas quieren darse una vuelta:

img_3643
Bicis, los canales del barrio rojo y al fondo la iglesia de San Nicolás
img_3640
Una condonería. Poco más que añadir.
img_3632
‘La habitación de Arlés’, una de las joyas de la pintura universal, en el Museo Van Gogh

Yo la conocí en octubre de 2013 en un viaje de tres días. Volamos con Vueling, pero hay diversas compañías que conectan Madrid con Schiphol, el gran aeropuerto de los Países Bajos. Mucha gente llega hasta Ámsterdam desde otros cercanos como Charleroi, Eindhoven o incluso Hamburgo en los que operan también líneas aéreas de bajo coste, con rutas desde varias ciudades españolas.

Teníamos el hotel justo al lado de la Estación Central de ferrocarril, un monumento en sí mismo construido a finales del siglo XIX, asomado a los canales y a cuyas puertas confluyen las redes de tranvías y autobuses. Desde el aeropuerto es muy fácil y rápido desplazarse hasta ella. Tomamos uno de esos trenes de cercanías y al salir nos recibió un tiempo regular. Llegábamos desde España casi en manga corta y nos encontramos de repente con un otoño más bien invernal y noche ya cerrada a las 6 de la tarde.

img_6471
Estación central, un monumento más que se asoma a los canales

Pese al fresco, disfrutamos de una ciudad increíble, de esas que tienen personalidad propia. Como ocurre en Venecia, el agua que la rodea por todas partes potencia su belleza porque no solo refleja su arquitectura y el paisaje urbano, sino que configura su urbanismo y además añade una vía de comunicación tranquila y sosegada entre sus habitantes.

Los canales de Ámsterdam han sido desde hace siglos una fuente de riqueza en todos los sentidos. Ellos fueron los que dieron sentido a la potencia comercial de la ciudad más grande de Holanda y los que conformaron buena parte de lo que ahora vemos, especialmente durante el Siglo de Oro Neerlandés, el XVII. Sus artesanos y mercaderes, que importaban y exportaban productos a muchos rincones del mundo entonces explorado, construyeron sus viviendas asomadas a aquellas autopistas del dinero y ahora hay miles de edificios catalogados como Patrimonio de la Humanidad.

img_6442

Sus fachadas inconfundibles salpican los canales concéntricos, en una suerte de aparente repetición infinita que, cuando te fijas, no es tal porque cada edificio tiene su singular decoración, su ventana distinta, su tejado rematado con gracia. Algunas son tan estrechas que resultan inverosímiles, y tiene una explicación sencilla: en su época se pagaban impuestos según los metros de fachada principal. Hay casas que resultan más humildes e incluso uno diría que parecen asequibles (no pregunté el precio). Pero otras son señoriales, las procedentes de los comerciantes más acaudalados que construían viviendas dobles sin importarles la contribución o los gastos.

img_6452

img_6453
Ojo a esa vivienda del centro de la imagen. La más estrecha de la ciudad (y no sabría decir si del mundo…)

img_6515

Por los canales se mueve constantemente una legión de barquitos. Algunos son botes turísticos que dan una vuelta por los más céntricos y merece mucho la pena tomar uno para contemplar la belleza ‘amsterdamiana’. No solo recorres el casco histórico sino que las rutas más habituales se asoman hacia el mar, por detrás de la Estación Central, donde se ubican algunos edificios de arquitectura moderna como el espectacular Museo NEMO de la Ciencia, diseñado por Renzo Piano. El paseo al atardecer es especialmente bonito, mientras la ciudad se empieza a iluminar.

img_6495

img_6536

img_6510

Ámsterdam en particular, y Holanda en general, es también sinónimo de ciclismo. La cultura de las dos ruedas está presente en cada esquina y es el medio de transporte por antonomasia en el centro de la ciudad, donde las bicis llegan a ser una invasión.

Es sorprendente la destreza en la conducción de estos señores y señoras rubios y rubias que, por ejemplo, son capaces de sujetar el manillar con una mano y llevar en la otra un paraguas. Hay decenas de miles de bicicletas circulando y aparcadas por Ámsterdam y en los alrededores de la Centraal se convierten en una auténtica marea, con párkings de varias plantas pensados para ellas que te dejan boquiabierto. Dan igual el frío y la lluvia. Se mueven siempre en bici y presumen de ello.

img_3676

img_6483

Si se trata de presumir también pueden hacerlo de museos, en plural. Entre ellos el primero y principal es el Nacional o Rijksmuseum, situado al sur del centro histórico y al que se puede llegar a bordo de varias líneas de tranvía. No es fácil orientarse en Ámsterdam porque la ciudad tiene forma de almendra y los canales realizan una especie de círculos en torno a ella, y aunque se puede acceder a casi todos los sitios andando ya que el tamaño no es grande, resulta muy cómodo usar el transporte público para las mayores distancias y ahorrar energías que luego se emplean en las visitas.

img_6399

El Rijksmuseum tiene una impresionante colección de pintura centrada sobre todo en los maestros holandeses de los siglos XV al XVII, y entre todos ellos Rembrandt es el rey. Su famoso ‘Ronda de noche’, todo un símbolo nacional, es la gran estrella y las multitudes se agolpan frente a ella como ante la Gioconda en el Louvre o Las Meninas en el Prado.

Su edificio recién restaurado es también un gran ejemplo de integración arquitectónica entre lo antiguo y lo moderno, y como detalle bajo su edificio principal discurre una calle peatonal por la que, cómo no, también circulan las bicis. En la plaza de acceso se encuentran las letras de IAMSTERDAM, obligada cita fotográfica.

img_6407

Enfrente del Museo Nacional, cruzando una gran explanada parque, se encuentra el Museo Van Gogh, que no necesita más presentación. Pero cuidado: si podéis, reservad fecha y hora comprando las entradas con antelación si no queréis que, como nos ocurrió a nosotros, os toque esperar una cola del demonio en la que uno se desespera mientras solo dejan pasar a los que tienen franja horaria reservada.

img_3626

Ojo: no esperéis ver allí el ‘Cielo estrellado‘. No forma parte de su colección. Pero sí varios autorretratos, ‘Los girasoles’ o ‘La habitación de Arles’. Obras maestras del arte universal que merecen la pena los 17 euros de la entrada.

img_3629

A quien le pille la hora de comer allí, sepa que hay una cafetería bastante completa y con Buffet dentro del Van Gogh. No es barata, pero sí cómoda.

Aunque no es exactamente un museo sino casi un lugar de peregrinación para millones de lectores de todo el mundo, también es una cita estrella en Ámsterdam la casa de Ana Frank, famosísima protagonista del Diario del mismo nombre. Cuando fuimos nosotros la cola en su puerta era notable y, aunque en teoría es visita obligada, no puedo contaros la experiencia en primera persona. Ana Frank era una niña judía que vivió escondida en una buhardilla durante la Segunda Guerra Mundial para escapar de la ocupación de los nazis que invadieron Holanda, hasta que la apresaron y la trasladaron a Auschtwitz. Desde allí pasó a otro campo de concentración, donde murió poco después de su liberación a causa de una enfermedad, y gracias a su diario ha acabado convertida en un símbolo de la resistencia.

img_6470

De vuelta al corazón de la ciudad, la plaza principal donde se encuentra el Palacio Real es el Dam. A su alrededor están los edificios más señoriales, los centros comerciales más pijos y las tiendas más franquicias que uno puede encontrarse ya en cualquier rincón del mundo.

img_6418

 

img_6411

Y paradójicamente a pocos pasos del Dam, a tiro de piedra de la residencia oficial de la monarquía de los Países Bajos, están las calles con la fama más morbosas de Europa. Curiosamente el Barrio Rojo está flanqueado por iglesias y tiene otra en su centro. No me pareció para nada algo sórdido o sucio. Está integrado en el ambiente de la ciudad y la única diferencia con el resto son el color de las luces de los escaparates, algunos de ellos ubicados en pisos altos, y que tras ellos están las mujeres, con más o menos ropa, que ofrecen sus servicios sexuales.

Allí también puedes encontrarte condonerías (la gente tiene mucha imaginación), locales de espectáculos de sexo en vivo y multitud de coffee shops, esos establecimientos en los que tienen carta de marihuana. En Ámsterdam es legal su consumo dentro de los locales aunque no se permite fumar por la calle. Hay que tener eso muy presente, igual que debe tenerse cuidado si alguien quiere hacerse el gracioso y pasar ‘material’ por la frontera a la ida o a la vuelta, porque ahí no hay lugar a las bromas y más de uno se ha llevado un disgusto.

Por lo demás, en el Barrio Rojo no todo es sexo, drogas y rock and roll. También hay restaurantes griegos, asiáticos, italianos o argentinos (un día cenamos en uno de estos, buenísimo pero no recuerdo su nombre, donde nos atendió una emigrante burgalesa, de Gamonal por cierto) y tiendas de souvenirs a tutiplén. ¡Incluso una pequeña Chinatown! Si en las noches invernales del octubre holandés ya tenía vidilla, el ambiente en verano debe de ser espectacular. Un lugar de esos irrepetibles como no los encuentras en ningún otro sitio del mundo.

img_6541

img_3690

img_3611

La iglesia que destaca en la imagen es San Nicolás. Tras ella, pero perfectamente integrado, está el barrio rojo.

Buscando más atractivos, aunque estén un escalón por debajo del ‘top’ local, si uno dispone de tiempo siempre puede profundizar callejeando por la ciudad. Uno de los rincones escondidos que nos sorprendió para bien fue el jardín de Beginhof, el patio interior de las antiguas beguinas. Eran mujeres católicas, solteras pero no ordenadas como monjas, que vivían en comunidades religiosas y en esa pequeña plaza encontraron un remanso de paz entre los siglos XII y XX. Un paseo por esa placita permite olvidarse del ruido de las calles principales, del tráfico, de las prisas, y transportarse a otra época.

Las beguinas tenían una pequeña capilla oficial, que es visitable, pero también para cuando los tiempos religiosos venían mal dados contaban incluso con una iglesia ‘secreta’ escondida en el interior de una de las típicas casas holandesas.

img_6419

Holanda también venera las flores. No solo los tulipanes. Hay puestos con todo tipo de plantas en distintos puntos de la ciudad y se venden como reclamo para turistas. Pero ojo. Que entre los inocentes bulbos también uno puede comprar semillas de cannabis para autoconsumo. De nuevo aquí aparecen los contrastes y la permisividad de esta curiosa ciudad.
img_6424img_6430
Entre su gastronomía destacan, por supuesto, los quesos. Los hay de multitud de sabores y, literalmente, de todos los colores. Hay un montón de establecimientos donde se pueden catar y así comprar con conocimiento de causa:

img_3702

 

Los alrededores de la capital ofrecen muchas posibilidades para hacer excursiones de medio día o día entero. Los típicos molinos de viento, Rotterdam o Utrecht suelen ser las más populares. Nosotros fuimos por nuestra cuenta, en tren, a esta última.

La red ferroviaria holandesa es muy completa y eficiente y hay un montón de frecuencias. El camino entre Ámsterdam y Utrech pasa junto al Ámsterdam Arena (guiño para los madridistas, que nunca olvidarán el lugar de conquista de La Séptima) y la llegada a la estación de Utrech puede ser mareante. La terminal es absolutamente enorme y si te equivocas y sales por el lado contrario (como nos pasó a nosotros) tendrás que dar un absurdo rodeo para llegar al centro histórico. Si vais, fijaos bien en los carteles.

El centro de Utrecht, la ciudad de uno de los tratados de paz más famosos de la historia, está también salpicado de canales, más recogidos que los de Ámsterdam, y se nota el ambiente universitario. El casco viejo se organiza en torno a la altísima torre de su Catedral.

img_6557

img_6570

Tras esta excursión solo nos quedaba la última mañana antes de volver a tomar el avión. Un último paseo aún nos permitió descubrir rincones curiosos como el Max Euweplein, donde se juega al ajedrez gigante, o la representación en bronce de la ‘Ronda de Noche’ en la Rembrandtplein.

img_3718

img_6580

Así nos despedimos de esta ciudad de belleza singular. Moderna, europea en el mejor sentido de la palabra. Accesible, culta, histórica, diversa, tolerante y pujante. Una de las mejores capitales del continente para dejarse viajar.

img_3686
La biblioteca pública, una maravilla que disfrutan los habitantes de Ámsterdam. Es la más grande de Europa y está situada junto a la estación de trenes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s