Por qué me gustan los cruceros

(En la imagen principal, vista de San Petersburgo desde la terraza del Pullmantur Empress)
Los cruceros son como el Real Madrid. O los quieres o los odias. Hay gente que dice ser indiferente, pero eso es porque no los ha probado.
Bromas aparte, me gustan los cruceros. Quizás porque el primero, por el Mediterráneo occidental, lo hice fruto de un regalo, era totalmente inesperado y me lo tomé como una experiencia para probar. Luego repetí.

Vale, no permiten conocer a fondo las ciudades en las que paras, pero sinceramente cuando uno es turista casi nunca lo consigue, a no ser que se tire una semana pateando el mismo sitio. No duermes en los destinos (como mucho en el puerto), pero hay que tomárselo como una especie de hotel flotante que se va desplazando y gracias al cual cada día despiertas en un lugar distinto.
El barco es importante porque pasas en él muchas horas. De él dependen la calidad de la comida, del propio camarote y del entretenimiento a bordo, que para algunas personas es una clave indispensable de sus vacaciones pero para mí lo fundamental es el recorrido. Algunos son absolutamente espectaculares y permiten contemplar verdaderas joyas urbanas o naturales, pues el paisaje a bordo, desde el mar, también da mucho juego.
Así que sí, recomiendo los cruceros. Si no sois unos talibanes mochileros, si os gusta el rollo relajado o queréis que el hotel se mueva y no tanto vosotros, es una gran experiencia. En pareja o para grupos de amigos. También si estáis pensando en un viaje en familia en el que cada uno puede hacer sus planes durante una parte del día y puede coincidir en otros.
Los hay de todos precios, desde 400 o 500 euros por barba con todo incluido hasta 5.000 si os animáis a uno de lujo por Asia o América. Hay fluviales, transoceánicos, por climas tórridos o heladores.
Y ojo: si estáis pensando en alguno os recomiendo informaros bien sobre qué entra en el precio y qué no, pues puede que os encontréis la sorpresa de que el importe inicial no incluye ni el avión ni el agua, ni por supuesto las excursiones, y la factura final se acaba multiplicando.
Yo, de momento, he hecho tres viajes en barco. El primero, en 2006, por el Mediterráneo Occidental con las clásicas Florencia, Roma, Nápoles y Niza entre sus grandes atractivos. El segundo, en el Báltico con San Petersburgo, Tallín, Copenhague o Estocolmo como puertos de referencia. Y el tercero, en el Mediterráneo Oriental que incluía Venecia, Atenas, Santorini y Estambul como paradas estrellas.

Los detalles, en próximas entregas…

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Atardecer en el Báltico desde el Empress, de Pullmantur
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Grand Celebration, de Iberocruceros. A bordo de él recorrí el Mediterráneo Oriental

2 comentarios en “Por qué me gustan los cruceros

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