Dos mil millas por la Costa Oeste (IV). Por la Ruta 66

Trayecto: 8 horas. 533 millas.

Pues no. Madrugar no mereció la pena. Estaba aún más nublado que la noche anterior y los gigantes de arena y roca apenas se veían. Teníamos que conformarnos con las vistas del atardecer, disfrutar del desayuno y prepararnos rápidamente para una jornada intensiva. Nos esperaba un largo viaje hasta California a través de la mítica Ruta 66.

img_9601
Nublado y todo, el paisaje seguía siendo espectacular

Afrontábamos una jornada de 8 horas de coche, más paradas, en la que atravesaríamos buena parte del precioso estado de Arizona para después cruzar la frontera hasta el estado más al oeste de EEUU. Antes nos despedimos de The View y de Monument Valley, siempre bajo una lluvia intermitente y con temperaturas más que frescas. Parecía mentira que estuviéramos en el desierto.

img_0352

img_0126
Saliendo del desayuno, en navajo en inglés

Las primeras horas de camino fueron monótonas. Se trataba de hacer muchos kilómetros hacia el sur y pudimos comprobar que, como habíamos leído, en esa zona puedes estar una hora de coche sin ver ni una sola localidad, ni una estación de servicio, ni apenas actividad humana más allá de pequeñas granjas desperdigadas por los montecillos de alrededor. El salvaje oeste en su esplendor.

img_9497

img_9485
Rectas interminables y lluvia intermitente en el desierto

Al llegar a Flagstaff, una de las principales ciudades del estado, dejamos atrás las carreteras secundarias y tomamos la autovía I-40, una gran ruta hacia el oeste que discurre en paralela a la vieja Ruta 66. Esta carretera que en su día fue la ‘Mother Road’, la espina dorsal y la calle Mayor de América que discurre entre Chicago y Santa Mónica (Los Ángeles). Durante su esplendor sirvió para el traslado de millones de personas hacia el prometido paraíso californiano, está ahora en desuso y ejerce como vía secundaria mientras que todo el tráfico se va por la autovía.

img_0132

Si quieres ver los pueblos por donde pasaba la mítica 66 tienes que desviarte. Nosotros paramos en tres: Williams, Seligman y Kingman. Todos respiraban un aire decadente propio de localidades que en su día veían pasar por su puerta a riadas humanas. Ahora son un bonito recuerdo de su pasado glorioso y mítico, como ningún otro trozo de asfalto en el mundo lo es.

Así lo hicimos como primera parada para entrar en Williams. Allí empezamos a vivir el espíritu de la Sixty Six, con multitud de carteles indicadores y los primeros lugares icónicos como la Pete Gas Station (una gasolinera anclada en los años 50-60), además de varios restaurantes, tiendas de souvenirs y una calle principal dedicada enteramente a la Ruta 66 y por ende a los turistas.

img_9630img_9618img_9622img_9617img_0161

Tocaba repostar por segunda vez en el viaje. La primera fue en Page y ya debería haberme acostumbrado al sistema americano, pero no es tan fácil. Como resumen os contaré que el 99% de los coches en Estados Unidos son de gasolina y hay de tres tipos: 87, 89 y 91 octanos. Siempre he repostado la más barata, aunque todas son muchísimo más económicas que en España, y siempre con el mismo sistema: entras en la gasolinera, le dices al tipo/a el número de tu surtidor y la cantidad que quieres (“30 dollars, Number 4”). Vas a tu coche, enchufas la manguera y a darle al gatillo. Si llenas el depósito y no te has gastado todo, vuelves a la tienda y te dan el cambio. Rudimentario pero efectivo. img_9629

Con el coche a tope, reiniciamos la ruta de nuevo y 45 minutos después estábamos en Seligman, el pueblo más tópico, típico y bonito de la Ruta 66. Allí está la barbería de Ángel Delgadillo, uno de los impulsores de la resurrección turística de la vieja carretera. Su antiguo negocio se ha reconvertido a tienda de souvenirs y conserva la silla de barbero en la que es típico tomarse una foto.

img_9631img_9632img_0133

En pocos metros uno se topa con la exposición de coches que inspiró la película de Cars, con vehículos tuneados de forma más gamberra, con la preciosa tienda de Historic Seligman Sundries, murales pintados y una explosión de colorido que hace de este pueblo el más atractivo de este tramo de la ruta.

img_0136img_0163img_9638

img_0032

Comimos en un sitio muy recomendable, el West Side Lilo’s Café con ambiente entre americano y alemán (curioso) y de nuevo a quemar ruedas.

Nos quedaban todavía muchos kilómetros y anochecía tan pronto que no nos sobraba el tiempo, así que tuvimos que sacrificar el Hackberry General Store. Es otro punto muy especial, del que habíamos leído recomendaciones y visto fotos muy chulas, pero te obliga a circular durante un buen tramo fuera de la autovía así que quedará para una próxima ocasión. Tomamos la vía más rápida y nos dirigimos hacia la siguiente parada.

Kingman está una hora más al oeste y ya a las puertas de California. Allí el sitio de referencia es Mr Dz, un restaurante ambientado en los años 50 con su suelo a cuadros, sus referencias cinematográficas y su gramola luminosa. Un café riquísimo (de esos que te sirven las camareras trayéndote la cafetera hasta la mesa) y una tarta espectacular sirvieron de merienda perfecta.

img_9692img_9694img_0151

img_9708img_9717

Alrededor del restaurante vimos también una locomotora antigua, testigo del pasado como nudo ferroviario de esta localidad y una tienda de moteros decorada con banderas confederadas. Allí nos despedíamos oficialmente de la Ruta 66 y de su leyenda, empapados de su recuerdo, y enfilábamos definitivamente hacia el poniente.

img_9727

img_9702

No imaginábamos que en el límite con California iba a haber un puesto fronterizo. Allí un policía aburrido nos preguntó con soniquete de donde veníamos (“Coming frommmmmm?”) y en cuanto escuchó “Spain” no quiso saber más. Nos dejó pasar y para adentro. Bienvenidos al desierto de Mojave.

img_9743img_9756Oscureció mientras en paralelo circulaban, como pesados dinosaurios, los interminables trenes de mercancías que recorren esta parte del país y que mantienen vivo este corredor entre el centro y la franja del Pacífico. El sol se metió delante de nosotros y durante la última hora ya solo vimos los faros de los otros vehículos engulliendo rectas imposibles.

Llegamos a Barstow a eso de las 20 horas y habíamos salido del hotel a las 8. Nos costó un rato encontrar el hotel, situado en las afueras al pie de la autopista, y cogimos la cama con enorme placer. La jornada había sido de nuevo espectacular, pero nuestra espalda necesitaba descansar y nuestros ojos dormir.

2 comentarios en “Dos mil millas por la Costa Oeste (IV). Por la Ruta 66

  1. Pingback: Dos mil millas por la Costa Oeste (V). De un western fantasma a Sierra Nevada – ViaHeroconH

  2. Pingback: Los Ángeles, la ciudad de las estrellas (Dos Mil Millas por la Costa Oeste XI… y último) – ViaHeroconH

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s