Dos mil millas por la Costa Oeste (VI). Paseando entre secuoyas gigantes

Al ser humano le siguen fascinando las mismas cosas que hace 5.000 años. Un atardecer, una noche estrellada, el arcoiris, la luna y el sol, el fuego, las tormentas, lo bello, lo inexplicable y también lo enorme. Por eso impresiona tanto estar junto a los seres vivos más grandes del planeta.

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Ámsterdam. Mucho más que el Barrio Rojo

La capital holandesa es famosa por muchos tópicos. Dos de ellos son sus canales por los que presume de ser ‘La Venecia del norte’ y sus bicicletas que lo inundan todo hasta convertirse en agobiantes. El tercero es la fama de transgresora que le ha dado la existencia del Barrio Rojo, donde la prostitución se exhibe sin complejos y  donde están muchos de los mitificados ‘coffee shops’, bares donde es legal fumar marihuana e incluso consumir setas alucinógenas. Pero además es una ciudad con un nivel cultural espectacular. Es abierta, es variada, es una de las mejores escapadas que uno puede hacer por Europa.

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Dos mil millas por la Costa Oeste (V). De un western fantasma a Sierra Nevada

Trayecto: 219 millas. 3 horas y 35 minutos

Hoy por fin tocaba una etapa tranquila. Tras la kilometrada del día anterior teníamos ante nosotros una jornada en la que ‘solo’ debíamos superar tres horas y media de coche. El objetivo era salir del desierto de Mojave para llegar hasta las estribaciones de la Sierra Nevada (así, en español), donde se encuentra el Parque Nacional de las Secuoyas gigantes. Pero antes teníamos cita con un pueblo fantasma.

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Por qué me gustan los cruceros

(En la imagen principal, vista de San Petersburgo desde la terraza del Pullmantur Empress)
Los cruceros son como el Real Madrid. O los quieres o los odias. Hay gente que dice ser indiferente, pero eso es porque no los ha probado.
Bromas aparte, me gustan los cruceros. Quizás porque el primero, por el Mediterráneo occidental, lo hice fruto de un regalo, era totalmente inesperado y me lo tomé como una experiencia para probar. Luego repetí.

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Dos mil millas por la Costa Oeste (IV). Por la Ruta 66

Trayecto: 8 horas. 533 millas.

Pues no. Madrugar no mereció la pena. Estaba aún más nublado que la noche anterior y los gigantes de arena y roca apenas se veían. Teníamos que conformarnos con las vistas del atardecer, disfrutar del desayuno y prepararnos rápidamente para una jornada intensiva. Nos esperaba un largo viaje hasta California a través de la mítica Ruta 66.

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Nublado y todo, el paisaje seguía siendo espectacular

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