Venecia. La belleza

(En la imagen principal, desembocadura del Gran Canal visto desde el puente de la Academia)
El ser humano ha creado cosas increíbles a lo largo de su historia y más sorprendente aún que su propia ejecución es que, conociendo nuestra capacidad destructora, hayamos tenido la sensatez de conservarlas.
Hay una pequeña ciudad en el norte de Italia, apretada en una islita insignificante de callejuelas reviradas, que un día dominó medio mar Mediterráneo y presumía de riqueza, poderío y buen gusto. Tan poco espacio tenía en aquel pedazo de tierra sobresaliente de una laguna, que se inventaron calles en medio de las aguas y se adaptaron a esa forma de vivir y transportarse, creando una pequeña flota de barcazas. Esa maravilla se llama Venecia, ha llegado hasta nosotros de forma milagrosa, y es única en el mundo. No os dejéis engañar por todas las venecias (“La Venecia del norte, la Venecia eslava, la Venecia de América…”) que nos intentan vender. ‘La Serenissima’ no tiene parangón.

Esta ciudad es la más maravillosa de Europa. Te atrapa, la mires por donde la mires. Le sale el arte por todas sus costuras, disfruta de la gastronomía que más triunfa en todo el mundo, atesora siglos de historia, conserva el gusto por la música y, rodeándolo todo, el agua que potencia su belleza.
Si no la conoces habrás escuchado que está masificada, que a veces huele mal cuando el agua se estanca, que es un decorado sin vida real y que sus habitantes están huyendo de allí porque no soportan la escalada de precios que conlleva su sobreexplotación.
Puede ser cierto, pero el poderío de Venecia es mucho mayor que todos esos impedimentos. Y si uno se deja llevar sin rumbo, caminando, abriendo los sentidos a esta joya de la humanidad que sorprende en cada rincón y que merece una y mil visitas, quedara deslumbrado.
img_5600
El campanile, la entrada a la plaza de San Marco y el Palacio Ducal presiden la desembocadura del Gran Canal y son los grandes iconos de la ciudad
La plaza de San Marco, a la que Napoleón definió como “el salón de baile más bonito de Europa”, es su rincón más famoso. Palomas ansiosas por cuatro migas de pan, fotos a mansalva al Campanile (la torre más alta), boutiques de lujo, las tiendas de souvenirs  que te abruman con las máscaras  del Carnaval, el Café Florian y sus tarifas imposibles o la propia basílica de San Marco (una preciosidad del arte bizantino con techos de mosaicos dorados) conforman un conjunto magnífico de turisteo y patrimonio a partes iguales.
El Palacio Ducal, antigua residencia de los dogos que gobernaron la ciudad durante siglos, es toda una lección de historia sobre esta antigua república que era independiente del resto de Italia. Desde sus ventanas hay vistas increíbles de los alrededores y como gran atractivo incluye el paso por el interior del Puente de los Suspiros.
Todo el mundo tiene en su retina la postal tipiquísima de su exterior, pero solo los que visitan las antiguas mazmorras podrán hacer la contraria desde dentro de sus ventanas.
Para eso servía el puente, para comunicar entre las estancias palaciegas y las celdas. De ahí los suspiros. Pese a lo que digan las leyendas románticas no eran de los enamorados que ahora contemplan esta obra de arte, sino de quienes veían a través de sus pequeñas aberturas la luz del día y lamentaban su suerte, pues era probable que de allí no salieran nunca más…
img_0184
Iglesia de San Giorgio Maggiore, desde una ventana del Palacio Ducal
La Galería de la Academia tiene una notable colección de arte, pero si no queréis o podéis entrar, acercaos al menos hasta su puente de madera. No es tan famoso como el de Rialto, y sin embargo tiene unas vistas hacia la desembocadura del Gran Canal que quitan el sentido. Para mí es la mejor de toda Venecia y por eso encabeza esta entrada.
Solo es comparable con las que tendréis desde lo alto del Campanile, al que se puede subir en ascensor previo pago de una entrada y desde donde se domina toda la laguna veneciana. Un punto ideal para hacerse una idea de cómo era el pequeño mundo de la antigua república, la última en incorporarse al conjunto de Italia.
No es tan famoso el Guggenheim Venecia como sus ‘primos’ de Bilbao o de Nueva York, pero merece muchísimo la pena pagar el acceso (que no es barato) para descansar un rato en sus salas pero sobre todo para asomarse a la pequeña terraza trasera. Desde allí se está a un paso del Gran Canal y hay unas fotos estupendas, refugiados a la sombra en el duro verano mediterráneo, sin agobios porque nunca está abarrotado de visitantes y porque cuando hay arte de calidad alrededor el tiempo pasa más despacio y mejor.
img_0252
Góndolas a la espera de clientes en uno de los canales secundarios
El paseo en Góndola es un atraco para turistas, hay que decirlo sin tapujos. Aunque solo por esta vez merece la pena sentirse voluntariamente sableado y contemplar, en pareja o en un grupo pequeño, las calles secundarias mientras uno va navegando despacio, con el gondolero contando historias, haciendo chistes malos o, si te toca uno lanzado, hasta cantando en italiano, el idioma más agradecido del mundo y en el que todo suena mejor.
Eso sí, haceos los remolones, dad la impresión de no estar convencidos, echadle un poco de desgana, y seguro que os hacen rebaja. Hasta en mi caso, que soy un pésimo regateador, me rebajaron bastante la segunda vez que pasé por el mismo muelle de atrapa-guiris y entonces… piqué.
 

El puente de Rialto, cómo no, es otra postal obligada. Aunque en las fotos no lo parezca es  muy ancho, alberga tiendas en su interior y siempre está hasta los topes. Y a su alrededor hay algunas pizzerías con precios razonables para lo que se estila allí.

p1030289
Puente de Rialto a bordo del vaporetto
Por si todo esto fuera poco, los amantes de la música tienen “cita obligada” (valga el tópico) en La Fenice. El teatro es visitable con audioguía y si no tienes la suerte de coincidir con algún concierto u ópera  (hay precios para todos los bolsillos y un programa intenso a lo largo del año) puedes imaginarte la experiencia sentándote en los palcos y cerrando los ojos durante unos segundos mientras suena La Traviata o el Nessum Dorma de fondo.
img_5519
Entrada de góndolas al Teatro de La Fenice
Venecia es un rincón de otro mundo. De otro tiempo que pasaba más despacio, de cuando el lujo y la ostentación se traducían en intentar hacer el palacio más bonito que el del vecino. Es la belleza de Italia condensada y semisumergida en el Mediterráneo. Es la leche y todo el mundo debería pasar en ella una parte de su vida. A poder ser, una parte larga, tranquila y placentera. ¿Hace un retiro veneciano?
img_0121
El Cavalli-Franchetti, uno de los impresionantes palacios que se asoman por cada esquina
img_5438
Vistas desde lo alto del Campanile
P1030223.JPG
Puente de los suspiros. Desde esos pequeños ventanucos casi tapados con celosías los prisioneros de las mazmorras veían fugazmente la luz del día.

CONSEJOS PRÁCTICOS

– Llegar a Venecia es relativamente fácil. Tiene un aeropuerto a escasos kilómetros, en tierra firme, al que vuelan varias compañías directamente desde España (puede ser al aeropuerto Marco Polo o a alguno cercano, en el caso de las ‘low cost’) y desde allí se pueden tomar autobuses que en 20-30 minutos te dejan en el centro. También se puede llegar en coche, porque hay un enorme puente que la conecta con la costa, e incluso un tren se introduce hasta las puertas de la ciudad y te deja a pie del Gran Canal (muchos hemos hecho el trayecto desde Turín o Milán). Así que el transporte no es problema.
– No es tan sencillo el alojamiento, y no por falta de oferta sino por unos precios bastante elevados. Pero si podéis hacer el esfuerzo, merece la pena dormir en Venecia y no en Mestre, solo por la sensación de dar un paseo nocturno después de cenar y poder disfrutar de las calles cuando las hordas de turistas ya se han retirado en su mayoría y queda la esencia de la joya.
Yo he tenido la suerte de conocerla dos veces. La primera llegué en tren desde Milán, la segunda en avión y dormí en el puerto porque era la primera etapa de un crucero. Cualquiera de las dos opciones es recomendable, siempre que el barco de crucero haga noche, porque Venecia en un solo día sabe a muy poco.
– Para moverse por allí las piernas llegan a casi cualquier rincón, o si no el mítico vaporetto, que tiene varias líneas aunque la principal y la que seguro cogeréis en algún momento es la del Gran Canal. Hay algunas rutas de estos autobuses acuáticos que llegan a las islas cercanas del Lido, Murano (donde el famoso cristal) o el cementerio de San Michele. Y si os queréis dar el gustazo también hay taxis acuáticos privados, para sentirse como George Clooney 😉
img_5613
Panorámica de la ciudad, saliendo de ella hacia la laguna

Un comentario en “Venecia. La belleza

  1. Pingback: Ámsterdam. Mucho más que el Barrio Rojo – ViaHeroconH

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s