Dos mil millas por la Costa Oeste (III). Page (Arizona)-Monument Valley (Utah)

Trayecto: 2 horas. 125 millas.

Al principio te hace gracia. “Venimos al desierto y se pone a llover”. Ja. Y qué manera de llover. Debió de caer la del pulpo aquella noche porque de la tierra rojiza que rodea Page, habitualmente más que reseca a estas alturas del año, empezaron a surgir riachuelos por doquier, como arterias de riego de un paraje sediento. Se nos estaba fastidiando la jornada.

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Dos mil millas por la Costa Oeste (II). Las Vegas-Page (Arizona)

Trayecto: 4,5 horas. 281 millas. 
Da igual lo cansado que pueda estar. Cuando cruzo el charco, a la mañana siguiente el ojo salta antes de que den las 6. Otra cama, otros ruidos, otro cuerpo, otra hora de amanecer y los nervios del que empieza el viaje conforman un cóctel explosivo que le dice al cuerpo: “Arriba“. La biología no entiende de relojes.

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Dos mil millas por la Costa Oeste (I)

Las rutas por carretera son una gozada para el viajero experimentado. Si no tienes miedo a conducir fuera de tu ciudad o tu ruta habitual, si no te importa ir cambiando de hoteles y no te estresa el trabajo extra de preparación que siempre requieren, si tu objetivo es exprimir los días al máximo, esta forma de viajar cumple todos los requisitos. Desplazamiento constante, novedades cada día, un punto de aventura y de sorpresa.
No hay roadtrip más famoso en el mundo que el de la Costa Oeste de Estados Unidos, y su fama la tiene bien ganada. Es un trayecto absolutamente espectacular con tremendos cambios de paisaje, panorámicas increíbles, ciudades fascinantes, parques naturales bellísimos, y todo con una infraestructura turística perfectamente preparada. Es EL VIAJE, tan cinematografiado y mitificado, con todo merecimiento.

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Venecia. La belleza

(En la imagen principal, desembocadura del Gran Canal visto desde el puente de la Academia)
El ser humano ha creado cosas increíbles a lo largo de su historia y más sorprendente aún que su propia ejecución es que, conociendo nuestra capacidad destructora, hayamos tenido la sensatez de conservarlas.
Hay una pequeña ciudad en el norte de Italia, apretada en una islita insignificante de callejuelas reviradas, que un día dominó medio mar Mediterráneo y presumía de riqueza, poderío y buen gusto. Tan poco espacio tenía en aquel pedazo de tierra sobresaliente de una laguna, que se inventaron calles en medio de las aguas y se adaptaron a esa forma de vivir y transportarse, creando una pequeña flota de barcazas. Esa maravilla se llama Venecia, ha llegado hasta nosotros de forma milagrosa, y es única en el mundo. No os dejéis engañar por todas las venecias (“La Venecia del norte, la Venecia eslava, la Venecia de América…”) que nos intentan vender. ‘La Serenissima’ no tiene parangón.

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Nueva York. La ciudad

(En la imagen principal, el atardecer desde la terraza del Top of The Rock)

La primera noche que dormí en Nueva York solo llevaba unas horas en la ciudad, lo único que había cenado era un paquete de M&Ms y me metí en la cama pensando: “Está bien, pero tampoco es para tanto”. Cuánto me equivoqué…

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