Los Ángeles, la ciudad de las estrellas (Dos Mil Millas por la Costa Oeste XI… y último)

Dos semanas después, 2.000 millas más tarde, llegábamos a la ciudad de destino de nuestra ruta por la Costa Oeste de Estados Unidos. Y el final no podía ser otro que Los Ángeles, la Meca del Cine y la de cualquier visitante que se acerque al sur de California.  No es especialmente bonita pero tiene mucho encanto y no hace falta ser especialmente cinéfilo para disfrutarla. Es la City of Stars.

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SkyGarden: un espectacular mirador sobre la City de Londres… gratis

Que Londres es una de las ciudades más caras del mundo lo sabe cualquiera que haya reservado un hotel, comprado un billete de metro, pedido una cerveza o pagado cualquier atracción turística en la capital británica. Pero aún existen opciones gratuitas y el ‘SkyGarden’ es un auténtico descubrimiento de reciente apertura: un espectacular mirador en el corazón de la City por el que no hay que pagar nada. Na-da.

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Castillos del Loira. Benditas locuras

Hay una región en el centro de Francia que presume de paisajes, de patrimonio, de vinos, de clima y de calidad de vida. Pero sobre todo presume de castillos. El Valle del Loira es el fruto de los avatares que la historia dejó en una zona colonizada durante un tiempo por la burguesía más rica, y también producto del acierto de sus habitantes que tras la Revolución supieron conservar ese legado, transformarlo y entremezclarlo entre sus pueblos y ciudades. Por eso las fortalezas y todo lo que se ha mantenido junto a ellas son benditas locuras del lujo que han llegado hasta nuestros días.

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Playas de Normandía. El desembarco que cambió la historia

Imaginemos la escena. Un soldado alemán, joven e inexperto, destinado en una de las garitas de vigilancia de la costa atlántica de Francia mata el tiempo como puede, con la vista pendiente del horizonte. Sus jefes se han ido a Berlín (como Rommel, que tenía el cumpleaños de su mujer) o a alguna de las ciudades del entorno porque sus informaciones de inteligencia y meteorología les indicaban que era muy improbable el desembarco aliado que todos temían. Aquella debía ser una aburrida guardia más. Pero en la madrugada del 6 de junio de 1944, ante sus ojos aterrorizados, el cielo se llenó de aviones, el mar se cubrió de barcos y cientos de miles de soldados llegaron a la costa.

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Acantilados de Utah Beach desde el Pointe du Hoc

El mayor desembarco jamás visto tuvo lugar hace ahora 73 años y varios de aquellos lugares se conservan tal cual quedaron, o bien han sido reconstruidos y preparados para honrar la memoria de quienes liberaron Europa del yugo nazi, porque allí comenzó la batalla final de la Segunda Guerra Mundial (que aún tardaría casi un año en finalizar en el Viejo Continente). Las playas de Normandía, en el norte de Francia, son un paraíso para los amantes de la historia.

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Mont Saint Michel. ‘La Maravilla de Occidente’

Hay lugares que son simplemente especiales, sin parangón en ningún otro sitio, que son únicos, inigualables e irrepetibles. Entre ellos está el que posiblemente sea el peñasco más bonito del mundo. Lo bautizaron como “La Maravilla de Occidente” y no es nada exagerado.

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El Mont Saint Michel, en el norte de Francia, es un pedazo de tierra asomado al mar que dependiendo del capricho de las mareas puede ser península o islote. Los vaivenes en la altura del agua son aquí especialmente espectaculares, alcanzan hasta 14 metros de altura y se abalanzan rápidamente sobre el incauto. Solo eso ya merecería convertir al Saint Michel en un lugar con personalidad propia, pero además la mano del hombre ha moldeado ese promontorio de más de 100 metros de alto para esculpir en él una abadía digna de El Nombre de la Rosa, una fortaleza de Juego de Tronos que fue inexpugnable para los ingleses durante la Guerra de los Cien Años y unas calles más propias de las novelas mágicas de Harry Potter.

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El verano en Nueva York

Muchos afortunados de vosotros tendréis la oportunidad de viajar en las próximas semanas a la ciudad. La capital del mundo se convierte durante julio, agosto y primeros de septiembre en un lugar caluroso y húmedo, con muchos de sus habitantes vacacionando fuera de la jungla de asfalto, pero también con un montón de turistas y una agenda de actividades de temporada que solo se aprovechan al máximo en los meses del buen tiempo. He aquí una listado de 7 cosas que hacer en un verano en Nueva York:

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El Big Sur. ¿Te gusta conducir? (Dos Mil Millas por la Costa Oeste X)

El océano a un lado, la montaña al otro. Una temperatura perfecta, un día soleado, una ruta sin apenas tráfico. Velocidad moderada, sacar la mano por la ventanilla y hacer el movimiento de las olas. Imposible no acordarse de aquel anuncio de BMW. Y el escenario ideal para recrearlo es el Big Sur, para muchos la carretera más bonita del mundo.

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Carmel By The Sea, el pueblo que gobernó Clint Eastwood (Dos mil millas por la Costa Oeste IX)

Dos horas al sur de San Francisco, escondida tras la península de Monterrey, la localidad de Carmel By The Sea es uno de los pueblos más conocidos de la costa pacífica estadounidense. Destino pintoresco donde los haya y también pijo, de gente adinerada y al mismo tiempo de mentalidad hippie, nostálgicos de los felices años 70 se dan cita en estas playas rodeadas por los cipreses característicos de la zona y desde las que se contemplan unos atardeceres absolutamente espectaculares ante la inmensidad del océano.

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El pequeño lujo de viajar en coche (propio o de alquiler)

Hay tantas maneras de viajar como personas viajeras y ninguna es mejor que otra. Por eso conviene desconfiar de quien sostiene sin asomo de duda que HAY QUE hacer esto, HAY QUE ver lo otro o NO HAY QUE emplear el tiempo o el dinero en lo de más allá. Lo ideal siempre es contar con la mayor información posible y después decidir en función de las posibilidades o gustos de cada uno. También en lo que respecta al transporte.

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Guimarães y Braga. Dos complementos de Oporto

La visita a Oporto, en la que pueden emplearse perfectamente dos o tres días (dependiendo de vuestro interés museístico o vinícola) tiene a pocos kilómetros estupendos complementos para ampliarla. Al sur está Aveiro, la que llaman ‘Venecia portuguesa’ con sus barcas tradicionales y sus casas de colores entre canales. Y al norte, más a mano para los que viajamos desde la mitad superior de España (sobre todo pensando en aquellos que lleguen en coche) están las ciudades de Braga y Guimarães.

Las dos presumen de un gran poso histórico y cultural, referencias de esas tierras verdes, entre colinas y valles, donde surgió la nación portuguesa en la Edad Media.

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